Literaturas

Raquel Jaduszliwer: “La resonancia entre lector y autor está signada por la contingencia, es un encuentro, y no puede forzarse”

Raquel Jaduszliwer es poeta y licenciada en Psicología. Publicó seis títulos de poesía y una novela entre 2012 y 2020. Obtuvo varios premios por su obra e integró la Antología del cuento fantástico argentino contemporáneo, publicada por Página12. El viernes 13 de marzo de presenta su nuevo libro Ángel de la Enunciación (Barnacle)


Por Nicolás Igolnikov. Fotos Eloy Rodríguez Tale

Raquel Jaduszliwer, nació en San Fernando, Pcia. de Buenos Aires. Su último libro Ángel de la enunciación, editado por Barnacle, da cuenta de un proceso poético que pareciera empezar -más allá del seno de una infancia musical con una influencia poderosa en su sensibilidad poética- hace algunos años, con la aparición de sus primeros libros.

Raquel, en los últimos ocho años publicaste unos siete libros, varios de ellos premiados, pero antes de eso no hay publicaciones tuyas. ¿Qué había antes de esos libros?

Podría decir que hubo inhibición, síntoma y angustia (uno de los títulos de la obra de Freud), al menos en relación a la escritura. Si bien mis cuadernos de adolescente tenían dibujos y poemas en los márgenes, y también los hubo en mis apuntes de la facultad, pasó mucho tiempo. Fueron formas de demorar mi rencuentro con la poesía, por considerarla en ese entonces demasiado confesional, demasiada exposición para mi huidiza existencia. Pero, para ser justa, también hubo vida aunque volcada a otras cuestiones.

¿Qué aporta la escritura a la vida?

Me parece que en aquel momento en la vida había mucha demora, mucho posponer, y ahora no: es el día, el momento, el instante, y la escritura es la confirmación de eso. Hay ciertas marcas de fundamento, ciertas cuestiones existenciales que son el sustrato.

“Los ciclos de poesía son instancias propicias, pero si no van acompañadas por el momento de la lectura personal, con la cabeza y el corazón disponibles, sus efectos se neutralizan”.


¿Y la poesía responde a esas cuestiones?

La poesía es una manera de hacer algo con eso. Bueno, hay muchas maneras de hacer algo, pero esta me parece la más mejor [risas]. De todos modos, hacer algo tiene muchas connotaciones en pugna: hay consuelo, hay subversión, hay aceptación, pero todas ellas las abarca la escritura. En el mismo ángel, por ejemplo, la primera está signada por la aceptación y la otra es protesta.

Los poemas de Ángel de la Enunciación, Las razones del tiempo y En el bosque dialogan con formas naturales plenas de subjetividad. ¿Qué relación hay entre tu voz y tus imágenes poéticas?

Responden a mi forma de procesar la escritura, y quién sabe también a cierta manera de estar en el mundo, resabios quizás del Sturm und drung que de alguna manera impregnó mi crianza. Aunque llevo una vida muy urbana, en los sueños soy más bien habitante de bosques y de desiertos, y tengo la costumbre de caminar mirando hacia arriba, a las ramas y a las nubes.

“En el medio entre la circunstancia y la escritura está este hacer algo con cuestiones que son las del sustrato, las del fondo, y que van un poco más allá”


¿Podríamos decir que tu escritura y tu forma de habitar se relacionan?

Pienso que se produce una instauración de distancia entre el lugar donde yo escribo y ese marco de pertenencia mítico. Quizás mi hábitat material cristaliza esa distancia. Si me fuera a vivir al bosque, quizás no escribiría.

O quizás escribas sobre la ciudad.

Es muy posible, porque el tema de la distancia instaura ausencia, instaura nostalgia, instaura pérdida y, bueno, pareciera la nafta [risas] que hace andar al poema.

¿Cómo fue la escritura de Ángel de la Enunciación?

Se gestó en un momento bisagra de mi vida, integrado por poemas escritos desde mediados del 2018 (o algo así) a mediados del 2019. La segunda parte, Descendimiento, que cronológicamente fue escrita antes que la primera, es fuertemente elegíaca. Aunque pivotea en torno a la muerte de quien se entramó a mi vida, toda pérdida subyace ahí, en esos poemas. También aparece a ramalazos la infancia como exponente de lo perdido, porque pienso que lo elegíaco de alguna manera siempre la roza. Creo que fueron puestas a trabajar cuestiones existenciales muy básicas, fundantes, en relación a la finitud, al empequeñecimiento del ser ante la inmensidad, la vida como experiencia de descendimiento.

¿Sentís una imbricación del contexto en tu poética? ¿Se relaciona?

No de manera automática. Si hay algo de la circunstancia que me impacta en el sustrato, entonces sí. Justamente en el medio entre la circunstancia y la escritura está este hacer algo con cuestiones que son las del sustrato, las del fondo, y que van un poco más allá. Esto ocurrió por ejemplo con Las razones del tiempo publicado en 2018: una de sus partes, Mala época está fuertemente atravesada por la experiencia vivida bajo el macrismo.

¿Y qué relación encontrás entre el poema, que sale del sustrato, y el sustrato de quien lo lee?

Lo que hay es el deseo de aproximación y de proximidad. Eso es lo que hay: la botella tirada al agua.

¿Esto se relaciona con la presencia del registro interrogativo en tus libros?

Sí, la pregunta funciona como acto de apertura. En primer lugar porque instala un horizonte más allá de lo dado por existente, más allá de lo dado por hecho o sabido. Es una manera potente de interpelar a otro a quien se convoca a responder y con el que se propone un diálogo en tensión.

Me comentaste que, para tu escritura, la soledad es una condición necesaria. ¿Qué reflexión te suscita la soledad del proceso de escritura y la búsqueda de un diálogo, de otro que responde?

Lo que pasa es que es un afuera bajo determinadas condiciones. No es el afuera del ruido: es el afuera de una escucha. Quién sabe si es un afuera posible. Pero también se propicia y se desea, que quizás existe en ese momento de mayor soledad donde se abre la vía del deseo. Es interlocución, pero como posibilidad.

Raquel Jaduszliwer - Eloy Rodríguez Tale 03

¿Entonces sería bueno exponer al poema a la búsqueda de más referentes? Pensando en la participación más extendida de jóvenes en la poesía y en cierto “hermetismo” que suele adjudicarse a la poesía.

No me parece que el hermetismo sea un valor en sí mismo; sólo lo es si el poema lo requiere, sí está justificado por su escritura. Pero esto mismo vale para la claridad. Tampoco que un poema sea ”claro” es un valor en sí mismo. En fin, creo que la resonancia entre el lector y el autor está signada por la contingencia, es un encuentro, y no puede programarse ni forzarse. Lo que sí se puede es propiciar formas de circulación y difusión que amplifiquen las posibilidades para que ese encuentro se de. Hay facilitadores eficaces a través de las redes. Por otro lado, los ciclos de poesía, que cada vez abundan más y se renuevan, son lugares de encuentro entre poetas, en los que la letra toma cuerpo y vida desde la voz de los autores. Todas estas instancias son propicias, pero si no van acompañadas por el momento de la lectura personal, con la cabeza y el corazón disponibles, sus efectos se neutralizan, porque entonces deja de ser poesía lo que circula en ellas y degrada en otra cosa, apenas restos.

Para terminar: ¿Qué recomendación, sugerencia o clave darías a poetas jóvenes?

Les diría que se hagan alérgicos a los lugares comunes, que busquen la proximidad de todo aquello que les dilate la imaginación, que atesoren todo lo que pueda ser causa de deseo de escribir. Después vienen cuestiones de segundo orden, pero lo esencial es eso. Quien sabe no muy detallada mi respuesta, quien sabe demasiado abarcativa, pero me quedo con ella. Vale también para la vida, ¿no?


Raquel Jaduszliwer
Ángel de la Enunciación (ver algunos poemas en este link)
Barnacle

El viernes 13 de marzo a las 19.00 se presenta Ángel de la Enunciación junto con Jardín Animal de Cecilia A. Olguin. En el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”- Sala Meyer Dubrosvsky – 3° Piso.

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