Vértices

Barbi Couto: “La cultura, para que pueda seguir siendo libre, debe ser accesible”

Para seguir aportando voces al debate, conversamos con Barbi Couto, comunicadora social, periodista y coeditora en Ediciones de La Terraza, acerca de libros, PDFs, derechos culturales y el acceso a la cultura en forma libre.


Por Ayelén Rives. Foto: Hugo Suárez

La cuarentena obligatoria a causa del COVID-19 llevó al mundo a virtualizarse un poco más de lo que ya lo estaba. En el ámbito del libro, entre otras cosas, los PDFs comenzaron a circular entre lectores que de pronto contaban con más tiempo y a la vez cierta dificultad inicial para conseguir los títulos en las librerías. Esta circulación empezó muchas veces desde editoriales, pero luego los propios lectores comenzaron a compartirse lecturas, lo que generó un extenso debate sobre el que ya comentamos en Ruda.

En la vorágine de voces, hubo dos que nos llamaron la atención. La primera fue el editor de Barba de Abejas, Eric Schierloh, con quien conversamos en mayo. La segunda voz también pertenece al mundo editorial y nos traslada virtualmente a la ciudad de Córdoba. Charlamos con Barbi Couto sobre los libros, los PDFs, los derechos culturales y el acceso a la cultura en forma libre.

Barbi Couto es comunicadora social, periodista, traficante de libros y coeditora en Ediciones de La Terraza desde 2012. La editorial, cogestionada con Mauricio Micheloud y Vanina Boco, publica libros ilustrados bajo licencias Creative Commons, una licencia pensada para que las obras puedan circular, modificarse e incluso comercializarse libremente. Con la mirada puesta en la construcción de conocimiento y cultura en forma colectiva y colaborativa, nos adentramos en esta forma de entender el circuito editorial que nos abre otros panoramas para este nuevo mundo.


En una nota que publicaste hace unos meses hablás de derechos culturales y derechos de acceso, en la línea de autores como Beatriz Busaniche de la Fundación Vía Libre. ¿De qué tratan estos derechos y por qué deberíamos darles mayor relevancia en el debate?

Me parece que es importante reflexionar sobre la cultura. La cultura es algo que es de todos, es el producto de la vida comunitaria de la humanidad, la manera en la que se refleja lo que somos y lo que hacemos. Esa cultura por definición es libre desde la historia de la humanidad. En estos últimos tiempos, las leyes de propiedad intelectual, de alguna manera, lo que hacen es reglar el acceso a esa cultura, poniendo limitaciones a la circulación, la copia, la reproducción, la comunicación pública de los distintos productos culturales, en pos de la defensa de los derechos de autor. Nosotros creemos que plantear la problemática desde una mirada dicotómica es equivocado. El punto es que la cultura, para que pueda seguir siendo libre, debe ser accesible: el acceso a la cultura es un derecho humano. Es la forma en que la comunidad puede tomar alcance y disfrutar de las producciones culturales que forman parte de su contexto y de su historia y a la vez pueden intervenirlas, dejar su aporte, hacer su colaboración a la producción cultural también de los tiempos que vendrán. Entonces, garantizar el derecho al acceso a la cultura es fundamental para que una persona pueda desenvolverse como ciudadano, como persona libre en la vida política, social, económica, cultural de la comunidad de la que forma parte.

¿Cómo podrían afectar, si pensamos desde el modelo de negocios actual del mercado editorial, a los derechos de les autores sobre sus obras? ¿Y cómo podrían mejorar ese derecho? Ya que, como mencionás en tu artículo “Animarnos a pensar todo de nuevo”, el modelo actual de negocios tampoco es muy beneficioso que digamos para el autor.

El derecho del autor es una garantía de que los autores pueden hacer un usufructo de sus obras, de sus producciones culturales, a fin de poder vivir de esta tarea de creación artística y no tener que dedicarse a otra actividad. De esta manera la sociedad puede tener una vida cultural más amplia, más bibliodiversa, más atractiva, porque sus creadores pueden vivir de esas tareas culturales y dedicarles el tiempo necesario. El hecho de que esas obras circulen libremente no afecta o no tiene por qué afectar su sustentabilidad (a mi modo de ver y entender el trabajo de edición y desde la experiencia puntual de nuestra editorial). El acceso libre, esto es: que las obras que estos autores puedan hacer circulen de manera libre en el ecosistema digital, no afecta los ingresos de los autores, sino que por el contrario, extiende a límites exponenciales las fronteras de llegada a nuevos públicos. Las posibilidades de encontrar nuevos lectores en un espacio tan amplio como es Internet lo que hace es abrir el juego para presentar esa obra a más gente que pueda estar, por ejemplo, también interesada en comprar. Primero en conocer el autor, después en familiarizarse con la obra y finalmente profundizar el vínculo incluso en términos económicos con el autor (por ejemplo convertirse en seguidor y comprar/coleccionar/regalar todos sus libros). Creo que hay una intencionalidad, desde las formas más tradicionales del mercado editorial, de expandir esta idea de que “la circulación digital equivale a menos libros vendidos”, planteando la equivalencia “un click de descarga = un libro menos vendido” y no es así, porque sería lo mismo que hacernos creer que cuando uno va y hojea un libro en una librería es equivalente a la compra de ese libro y no es así. Uno explora, uno mira, uno se deja seducir por ciertas obras, se fija si eso es lo que quiere, lo que necesita leer, lo que está buscando y después toma la decisión de si efectivamente lo quiere o no. Entonces, a mí modo de ver, el acceso digital -o las posibilidades de que los contenidos estén disponibles digitalmente- no afecta negativamente los derechos de los autores sobre sus obras, sino por el contrario les abre un escenario más grande, de vidriera, de difusión, de alcance, de llegada, de sus contenidos.

“Garantizar el derecho al acceso a la cultura es fundamental para que una persona pueda desenvolverse como ciudadano, como persona libre en la vida política, social, económica, cultural de la comunidad de la que forma parte”.


A corto plazo, ¿qué tipo de acciones pueden llevarse adelante para resguardar la situación de les productores de cultura, que no sea vía el copyright? ¿Se puede tener tranquilidad respecto al ingreso por tus libros si sabés que circulan en PDF? ¿Cómo se sostiene este circuito de producción?

Estas preguntas tienen de base la idea de que si no hay una restricción al acceso a la cultura, entonces los autores están en una situación problemática o de riesgo económico porque la sostenibilidad del circuito de producción depende del acceso. Yo no creo que esa sea la situación. Creo que la situación de los productores de cultura, o sea la situación de los artistas, de los escritores, de los ilustradores, de los creadores culturales en general, y de la escritura en particular, están (sobre todo si su objeto de creación responde a temáticas no muy comerciales, si no están enmarcadas dentro de lo que son los best seller por dar un ejemplo), si su labor es desafiante, si se arriesgan a la hora de elegir las temáticas y sus producciones, ese tipo de productores están en una situación de fragilidad y no por la cuestión del copyright o del acceso libre sino porque la cultura está en un lugar de fragilidad, y más en este contexto de pandemia. El copyright o la legislación de propiedad intelectual (derecho de autor) como se denomina en Argentina, resguarda “todos” los derechos del autor, prohibiendo las copias no autorizadas y cualquier obra derivada o uso no autorizado de las obras; y por lo general lo que termina haciendo es limitando la circulación de contenidos, pero no necesariamente aportando a un cuidado hacia la sustentabilidad de los autores. En el modelo tradicional del mundo editorial el autor cobra el 10% del precio de venta de tapa de un libro. Para que un autor pueda recibir un monto significativo mensual, debería tener muchos títulos en el catálogo vivo de diversas editoriales, o sea debería tener varios títulos, no solo uno, y esos títulos deberían tener una tirada más o menos importante y deberían estar disponibles en la mayor cantidad de puntos de distribución del país. A lo que me refiero con el ejemplo es que si un autor tiene dos o tres libros publicados, en editoriales independientes, con tiradas de 100, 200 o 500 ejemplares y cobra el 10% del precio de tapa de los libros vendidos (que no significa que toda la tirada se haya vendido), estamos hablando de cifras irrisorias, cuando el promedio de venta de un libro quizás es de $500… Son cifras que no sirven para pensar en la sustentabilidad de una persona. La perspectiva cambia por supuesto si ese autor tiene múltiples títulos en diversas editoriales que puedan garantizar distribución a nivel nacional, tirada de más de tres mil o cinco mil ejemplares, buena publicidad, entre otros factores, entonces de lo estamos hablando es de más visibilidad. Hoy por hoy, justamente la herramienta digital: los espacios de Internet, la circulación digital lo que hacen es darle a los autores mayor campo de exposición y de visualización. Entonces quizás incluso para las editoriales más chicas es una posibilidad muy grande de hacer desde lo digital, en difusión y publicidad, lo que no pueden hacer con tiradas escuetas o con circuitos de distribución pequeños.

libros ediciones en la terraza cultura libre
Libros de Ediciones de La Terraza

En todo este debate acerca de la circulación de los libros o textos, uno de los actores menos tenido en cuenta o incluso hasta ninguneado fue el del lector. ¿Qué papel tiene para vos?

No solamente fue el menos tenido en cuenta, de hecho creo que sí fue tenido en cuenta pero en términos de delito. Hubo una postura muy fuerte de criminalización del lector: es quien está cometiendo el delito, en quien se enfocan, por ejemplo, las campañas que están ahora difundiéndose desde diversas instituciones del sector que tienen que ver con “educar en la legalidad”. El lector es, en este contexto, quien debe cumplir la ley. Se lo puso en el plano de quien está incumpliendo la ley, que es cierto, pero también el punto es qué sucede cuando las leyes no están dando respuestas a necesidades sociales. Entonces en el medio de una cuarentena en la que docentes, mediadores, bibliotecarios, etcétera, no pueden usar ningún tipo de material porque cualquier uso que quieran hacer está prohibido por la ley, cualquier digitalización de cualquier libro, videos mostrando la obra completa, escaneos, casi cualquier forma de digitalización de los materiales cae dentro de la ilegalidad. Entonces ¿cuáles eran las posibilidades de acción para acercar la lectura a otros? En el marco de los debates sobre la ley de propiedad intelectual históricamente hay reclamos para que existan excepciones para usos educativos, de docentes y bibliotecas, y es algo por lo que pelean muchos colectivos que comprenden el acceso a la cultura como un derecho y que de alguna manera están tratando de abordar la problemática desde la perspectiva del lector, del usuario, de la sociedad, de la comunidad, que tienen este acceso a la cultura como un derecho humano, tan importante como otros derechos, como la educación o la salud. Por supuesto, también es importante reconocer que el derecho de autor es un derecho humano, pero la pregunta es qué sucede cuando algunos derechos entran en colisión con otros. El derecho de acceso a la cultura es más importante de acuerdo a las declaraciones internacionales. El punto es qué respuesta se le puede dar a las necesidades de los autores para que no queden en una situación de fragilidad. La pregunta es si la protección de sus derechos a mansalva, a costa de que incluso no pueda acceder la gente, a costa de todas estas limitaciones, si realmente eso le significa al autor algún tipo de perspectiva favorecedora. Yo creo que no.

El paradigma de la cultura libre propone un concepto de derechos y permisos que es el copyleft. ¿Qué características brinda y de qué manera fomenta o apoya una cultura más libre?

El copyleft es el nombre que se le da por contraposición con el copyright. Acá, en la Argentina, la legislación habla de Derechos de Autor, no de copyright. En cualquiera de los casos, copyleft es la forma de nombrar a la cultura libre, o como me gusta más cultura colaborativa, aquella mirada de la cultura que entiende que el conocimiento se hace colectivamente, que la cultura debe estar ahí, a disponibilidad, para que los lectores puedan tener una libertad de acción, una libertad no solo de leer el material, sino de poder generar obras derivadas, de copiarlo, de modificarlo. En esa sintonía el concepto de cultura libre se asemeja al de software libre, que es el que coloca en el usuario las posibilidades de que tenga derecho a ejercer libertades. En el software es la libertad de conocer el código, de modificarlo, de hacerle mejoras, de compartirlo, de compartir las mejoras. Son toda una serie de libertades que tienen que ver con lo que puede hacer asumiendo un rol protagonista como productor y no solo como consumidor de un cierto software (en el caso de software). En el caso de la cultura, las licencias Creative Commons lo que proponen es eso. En tanto licencia es un permiso por escrito, de los titulares del derecho en la obra, de que los lectores pueden hacer algo más, de que hay algunos derechos que están liberados: el de la copia primordialmente, siempre respetando el crédito, pero también puede ser el de la generación de obra derivada o la comercialización de esas copias. Tiene que ver con las posibilidades que se le da al lector de asumir un rol protagónico con eso que acaba de leer y poder a su vez hacer algo, convertirse de alguna manera en un personaje protagonista en ese rol de circulación, que pueda, además de leer, copiar, compartir, poner a circular, distribuir, etcétera. Nosotros en Ediciones de La Terraza trabajamos con licencias Creative Commons. Les dejamos a los autores que sean ellos quienes elijan cuál de todas es la licencia que más los representa. Solo hay dos licencias de las Creative Commons que se enmarcan dentro de lo que es cultura libre y son las que permiten todas las libertades. La de hacer obra derivada, hacer uso comercial y por supuesto la de copiar los contenidos. Las que limitan de alguna manera la posibilidad de la obra derivada y del uso comercial son, por supuesto, más libres que las leyes de propiedad intelectual pero no llegan a ser copyleft o cultura libre. Entonces desde Ediciones de La Terraza nos movemos como en esa frontera, todos los libros salen publicados con alguna licencia, la que los autores elijan, la que los haga sentir cómodos con la circulación que va a tener su obra y a nosotros nos permite decir que trabajamos desde una perspectiva de la cultura cada vez más libre.

¿Cómo es tu experiencia en la editorial, siendo que publican libros en físico y en formato liberado para su circulación?

Nuestra experiencia es grandiosa. Tener los libros impresos en físico con las tiradas que nos dan nuestras posibilidades económicas, que son tiradas no tan pequeñas pero tampoco tan grandes (en general el promedio de nuestras publicaciones es de mil ejemplares, lo que nos permite distribuir en un circuito de librerías también humilde, de alcance local, regional y algunas librerías de Buenos Aires y algunas otras del interior del país y nada más) nos permite tener la posibilidad de que los libros llegan a bibliotecas, a librerías… Movernos en la lógica del mercado tradicional que permite el libro impreso. Y además tener, con la complicidad de los autores, el permiso de que los libros digitales puedan estar disponibles con licencias Creative Commons, nos da la libertad absoluta de poder disponer de ellos: dárselos a docentes, a bibiliotecarios, a promotores de la lectura, entregarlos en grupos en los que se comparten materiales, darlos para que estén a disposición en bibliotecas aúlicas. Sobre todo en este tiempo de la cuarentena nos permitió, con total libertad y complicidad de los autores, ofrecer un recurso que fue de una utilidad, por lo que nos han comentado, muy grande para muchos docentes que están buscando material disponible con permisos libres para poder subir a las aulas virtuales, mandar por WhatsApp a los chicos, subir a carteleras de escuelas, sabiendo que no están infringiendo ninguna ley. Entonces en términos generales siempre nos ha dado esa libertad de llegar lejos, de salir de las fronteras del país, de poder, aunque sea una versión diferente a la del libro impreso, pero dar la posibilidad de lectura a gente a la que no llegaríamos con el libro impreso por las vías tradicionales. Las devoluciones que hemos tenido siempre han sido maravillosas. Y en este contexto de cuarentena nos han dado la libertad de sentir, tanto los editores como los autores, que estamos pudiendo colaborar en una situación compleja para las comunidades educativas y para los consumos culturales, que hemos trazado para las historias nuevos caminos hacia nuevos lectores y que hemos podido hacer una colaboración que, no dudamos, va a redundar en visibilidad para la editorial, para los libros, y en ventas también, que se van a dar más en el corto, mediano o largo plazo, de acuerdo a cuando se reactive la posibilidad de ferias, de visitas a escuelas, de circulación física para viajes y librerías. No tenemos ninguna duda porque en todos los años de nuestra experiencia siempre ha sido positiva la experiencia de compartir los PDFs.

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