El Pregonero

Del dicho al hecho: Un fallo para “caer” en la educación pública

Avalado por un fallo del Tribunal de Justicia, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires habilitó el reclamo por vacantes en el sistema público educativo únicamente a aquellos que no puedan pagar una institución privada. Las consecuencias de este fallo lejos están de mejorar el acceso a la educación pública o de promover la igualdad y la inclusión.


Por Alan Ojeda.

Hace unos años el ex presidente Mauricio Macri sentenció: “La terrible inequidad entre aquel que puede ir a la escuela privada versus el que tiene que caer en la escuela pública”. Lo que en ese momento nos parecía una postura desagradable, un dicho desafortunado que blanqueaba la mentalidad de Cambiemos, ahora se transformó en un hecho gracias al fallo de la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, que habilitó el reclamo por vacantes en el sistema público de educación sólo para aquellos que no puedan pagar un instituto privado. Este fallo, que en un principio parece lógico, ya que otorga prioridad a la gente con menos recursos, puede tener una serie de consecuencias que lejos están de mejorar el acceso a la educación pública para que ésta sirva como proveedora de igualdad de oportunidades e inclusión social.

Cambiemos se esfuerza por hacer realidad sus palabras. Ninguna frase, ninguna declaración es simplemente eso. Detrás de cada afirmación está la voluntad, cada vez más explícita, de llevar a cabo todas las transformaciones posibles para que las diferencias socioeconómicas se establezcan como algo cada vez más permanente, para que la aporofobia sea un hecho y la educación pública se transforme, de una vez por todas, en un mero sistema de contención de la pobreza.

El fallo de la Justicia porteña no hace más que afirmar el camino de desfinanciación de la educación pública de la Ciudad de Buenos Aires. Restringir el acceso a las vacantes implica reducir los reclamos; también reducir la obligación de mejorar el sistema educativo público con la construcción de nuevos jardines, escuelas primarias y secundarias. Esto se ratifica con la baja de 6 puntos de la inversión pública destinada a educación, el presupuesto educativo más bajo en los últimos 10 años. Si bien la excusa principal es la quita de los puntos de coparticipación de sobra que Mauricio Macri otorgó de forma arbitraria al Gobierno de la Ciudad por el traspaso de la policía, los años de bonanza presupuestaria de Larreta no derramaron en una mejora significativa de ningún aspecto del servicio público. No hubo más líneas de subtes; no se cumplió, ni por asomo, con la cantidad de jardines que iban a construirse; las escuelas públicas siguen teniendo problemas de infraestructura; no se compraron más netbooks (el gobierno nacional se hizo cargo de entregar los equipos necesarios); las paritarias docentes estuvieron siempre por debajo de la inflación. Abundaron, en cambio, los recambios mensuales de baldosas sanas, los canteros y las macetas de cemento.

Restringir el acceso a las vacantes implica reducir los reclamos; también reducir la obligación de mejorar el sistema educativo público con la construcción de nuevos jardines, escuelas primarias y secundarias. Esto se ratifica con la baja de 6 puntos de la inversión pública destinada a educación, el presupuesto educativo más bajo en los últimos 10 años“.


Como se señaló en la nota dirigida a los dichos de Acuña, el problema es ideológico. Lo presupuestario suele ser una excusa contingente. La Ciudad recauda de forma masiva a través del ABL, aumentando el estacionamiento arancelado a lo largo de toda la Ciudad, incluyendo, recientemente, un impuesto a los gastos con tarjeta de crédito y a través de un sistema de acarreo de autos y fotomultas que, como buen servicio privado, gana más mientras más acarreos y fotomultas realice. El presupuesto es la excusa necesaria para derivar la culpa del aumento de la presión tributaria hacia el Gobierno Nacional, lo que permite afianzar en su fiel electorado la imagen de un gobierno porteño víctima de las acciones maliciosas de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

Dichos y hechos

El discurso de la administración responsable, muy común en los sectores de la derecha liberal, siempre esconde un ajuste en el sector público. Sobre todo, porque la luz al final del túnel nunca llega, nunca la bonanza parece ser suficiente para repercutir de forma ostensible sobre el sistema público. Los ingresos nunca son suficientes para subir los sueldos, para mejorar el funcionamiento de todo aquello que no sea visible, que no forme parte del “diseño” de la Ciudad, como si ésta fuera una galería a cielo abierto. Entonces se disfraza ese “diseño” con un eufemismo que sea capaz de leerse como un avance técnico para la mejora de la vida cotidiana de sus ciudadanos, como llamar “Aliviador pluvial natural parquizado” a un cantero valuado en 5 millones de dólares.

La educación no es prioridad porque no es visible, porque no puede exponerse como un logro en la circulación cotidiana de ciudadanos, y porque ya se ha logrado, a través de una insistente campaña que Soledad Acuña encabeza con decisión férrea, construir al docente como el enemigo definitivo y al sindicalismo como la mafia que impide la modernización y la mejora del sistema educativo. Esa política se ejerce de forma tan impune que permitió al gobierno porteño intervenir en la cooperadora de la escuela N°4 Coronel Mayor Álvarez Thomas de Colegiales, destacada en la comunidad educativa por sus logros en la gestión de los escasos recursos que otorgaba la Ciudad.

El éxito de Larreta se debe a que no interviene en discusiones de nivel macro, no asume una posición beligerante casi nunca y se muestra dialoguista con el gobierno provincial y nacional. Mientras construye esa fachada, la mayoría parlamentaria de la Legislatura de la Ciudad y sus ministros llevan la lucha real. La ausencia de personalismo, la articulación y coincidencia total desde el plano ideológico al servicio de un fin mayor de sus integrantes le permite sostener un proyecto homogéneo sin exponerse demasiado. A esto es necesario sumar el, a esta altura ya exagerado, cerco mediático que no filtra ni una crítica a las acciones del gobierno del próximo candidato a presidente de Cambiemos. Así avanza paso a paso, pero implacable, “el señor de las baldosas y las sombrillas”.

“Del dicho al hecho, hay un gran trecho”, dice el refrán. Cambiemos está tratando de reducir esa brecha. Frente a cada dicho hay una intención de realización, de paso del plano discursivo al material, de asegurar los mecanismos legales, económicos y políticos que sostengan esa afirmación como algo efectivo. Primero fue Macri, luego Larreta y próximamente Santilli. Después de Santilli vendrá otro más. Los nombres son lo de menos. Año a año, gobierno tras gobierno, se afianza el proyecto de una ciudad para pocos, sin disimulo, con una explicitud aberrante y con el aval de la mayoría de sus habitantes.

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