Vértices

Lalo Mir: “Los nuevos medios, las redes sociales e internet como sistema horizontal no son la libertad”

Charlamos con el reconocido conductor y locutor radial Lalo Mir acerca de sus inicios y su recorrido en la radio, de los actuales medios de comunicación, del rock y el trap, de políticas culturales y, por qué no, también de la naturaleza.


Por Pablo Pagés y Marvel Aguilera.

Era nochebuena en Massachusetts, y Réginald Aubrey Fessenden transmitía desde la estación Brant Rock Station “Oh Holy night”, un antiguo cántico navideño retazado por el propio Réginald en su viejo violín que, mientras entrelazaba pasajes bíblicos, buscaba regocijar el oído atento de los navegantes cercanos. Poco tiempo después de ese acontecimiento, la radio se transformó en el medio de difusión por excelencia. El canal de información para satisfacer las demandas informativas que hacían a la sociedad y sus gobernantes. Más adelante aquello se profundizó y aparecieron pequeñas emisoras barriales, comunitarias, humildes reductos de charla que narraban las vicisitudes de los barrios o incluso en aquellos pueblos recónditos, donde una fina señal puede significar una voz reconfortante durante un día de soledad. Más de un siglo después de aquel cántico navideño, las nuevas tecnologías pusieron sobre la mesa una diatriba de herramientas digitales al servicio de las radios; sin embargo, el acto esencial de la voz todavía permanece inmutable: ese aura que convierte el decir a la distancia en un rito casi sagrado, quizás por la necesidad de una voz certera que clarifique el bullicio de las redes o por el talento de aquellos que supieron hacer de la radio un lugar cercano, de pertenencia y reciprocidad, con un estilo que todavía hace escuela. Lalo Mir es uno de ellos. Con más de cincuenta años de trayectoria, supo atravesar las décadas radiales plasmando su impronta en programas que han quedado en la historia de la radiofonía como 9PM, Buenos Aires, Una Divina Comedia, Aquí Radio Bangkok, Tutti Frutti y Animal de Radio, entre otros. Pero cuya perspicacia le permitió ir amalgamándose a los nuevos desafíos mediáticos, tanto en la conducción televisiva -entre otros La vida es arte o Encuentro en el Estudio– como en los medios digitales en este último tiempo, desde su participación en el masivo Filo News.

Revista ruda

Viniste de San Pedro. ¿Cómo era tu infancia? ¿Tus viejos a qué se dedicaban?

Vine de pequeño, y también de adolescente nos escapábamos. Nos tomábamos un tren al mediodía, decíamos que comíamos en algún lado y en realidad nos veníamos al centro: a la calle Lavalle, a los cines, a comer pizza cuando teníamos un mango, colándonos en los trenes. La infancia fue de pueblo, de un pueblo con río, de un ambiente natural bastante salvaje. Mucha barranca, mucho río, mucha agua, mucho verano, mucho verde, y mucha calle. Porque las casas no estaban acondicionadas como ahora. Ni televisión tenía cuando era muy pequeño. No había. Imagínense, soy de la prehistoria. Mi viejo fue primero chacarero, porque mi abuelo le dejó un campo, después lo vendieron. Luego fueron cantineros de clubes y esas cuestiones. Tuvo un restaurant, y terminó de taxista o de chofer de taxi, y de vendedor de billetes de lotería. Mi madre era ama de casa y costurera. En sus ratos libres, dos o tres horas por día, cosía para modistas.

¿Hubo alguna influencia en tu pasado en San Pedro para que tomes la determinación de estudiar para locutor?

La influencia más directa fue primero trabajar en APA, que era una propaladora, con parlantes en la calle. Pasaban publicidad, música, los entierros, los nacimientos, los casamientos. Ese fue mi primer micrófono. Y después el hecho de que Fernando Bravo, para nosotros Fernando Pochulu, sanpedrino y también compañero de APA -porque él era quien relataba las carreras de autos- vino a Buenos Aires y triunfó. Tuvo su programa de radio, su programa de televisión y llegó con un auto nuevo. Yo siempre digo que ese auto tenía el color de la zanahoria. Ahí comprendimos que era posible, que se podía.

Tu debut fue en Radio Del Plata en épocas ásperas y oscuras. ¿Cómo te manejaste frente al micrófono para que la paranoia militar no sospeche de cualquier atisbo en tu discurso de humanidad o ideología?

Debuté en Radio del Plata. En ese entonces no había una diferenciación entre AM y FM. Tampoco había una “paranoia militar”. Empecé en el ’74, con un gobierno peronista. Después sí vinieron los militares en el ’76, pero a mí me tocó la época de la triple A y los “montos”. Era bastante quilombo. Pero mi laburo era de turno, y en el turno en radio no tenés nada. Tenés que obedecer órdenes, escribir un libro, hacés la sigla, por ahí anunciar algún tema musical. Entonces no había atisbo de discurso humano o ideológico, no había nada. Yo recién llegaba, tenía 23 años y no tenía la menor idea.

La onda de Aquí Radio Bangkok era la de un programa de rock. Fue concebido con el espíritu de Radio Colonia del Uruguay. Que era la radio que yo escuchaba en casa cuando había golpes militares. Es decir, escuchar la vida, la realidad, las noticias de tu país desde otro país, porque en el tuyo no podés. Con ese criterio decíamos que estábamos en Tailandia, en Bangkok y que yo era el Maharajá y toda esa pavada. En realidad era una pequeña ficción, un paquete para envolver un programa de rock que tenía cierto delirio”.


¿Te fuiste a Chile por laburo?

No es que me fui por laburo, a Chile me llevaron. Un productor chileno, un proyecto de productor que después terminó siendo capo de compañía discográfica. Alejandro Sanfuentes fue el de la idea. Viendo la explosión del rock en la Argentina, quiso emular eso en Santiago de Chile y me vino a buscar. En realidad me encontró, porque se cruzó con Carlos Rodríguez Ares que era el mánager de varios grupos, Cadillacs, Soda en su primera época, Riff, Cosméticos, varias. Le preguntó por alguien que pudiera hacer un programa de radio para mandarlo para allá y él le dijo velo a Lalo Mir de 9PM, y así me vino a buscar. Le hice un demo y se fue a Chile. Gustó y empecé a viajar. Primero mandaba las cintas, una vez por semana, una hora, Argentina Rock. Era como un BBCPops, un programa de esos enlatados de la BBC pero de rock argentino.

Fuiste responsable de La Colifata. Contanos algo de eso.

No soy responsable de la creación sino que padrino. Me vinieron con una cinta, “me la pusieron” como dijo un tipo. Vino “Viruta” que es Alfredo Olivera, hoy responsable de la Radio Sin Nombre en París, que es una radio de colifas también y que fue de alguna manera el gestor o inventor de La Colifata acá. Él vino a la radio, en épocas de Buenos Aires, una Divina Comedia que hacíamos con La Negra Vernaci, con una radiograbadora y un cassette, y me dijo “te quiero mostrar lo que hacemos en la radio La Colifata, que es una radio que tenemos en el Borda”. ¿Cómo una radio en el Borda? ¿Cómo es eso? Y me muestra la radiograbadora y me dice: “Esto es la radio: grabamos en el cassette uno, después lo pasamos al dos, al reproducir editamos y ahí tenemos el cassette final que lo escuchamos y es la radio”. Me dio mucha ternura. Le dije “dame los cassettes”, y cuando los escuché encontré tanta genialidad en las ideas de los colifatos, que empezaron a sonar en la Rock&Pop y de ahí la historia conocida. Lo que sí hay que decir es que hay decenas de radios colifatas en el mundo, son réplicas al pie de la letra porque el sistema funciona como un taller terapéutico alternativo, en muchos casos con salida laboral. Es un gran deshospitalizador.

Contános de las experiencias radiales. Tu dupla con Elizabeth Vernaci. El laburo en Aquí Radio Bangkok. ¿Cuál era la onda de esos programas? ¿A qué apuntaban? ¿Surgió a partir de la película Good Morning Vietnam?

Por un lado con Elizabeth Vernaci fue 9PM y despúes Buenos Aires, una Divina Comedia. En el medio, Aquí Radio Bangkok con Bobby Flores, Douglas Vinci, Quique Prosen, y en algunas épocas otras personas. Pero digamos que esa era la base. La onda de Aquí Radio Bangkok era la de un programa de rock. No sé si apuntaba, uno nunca apunta a algo. A comunicar cosas, divertirnos y pasar rock and roll. Fue concebido con el espíritu de Radio Colonia del Uruguay. Que era la radio que yo escuchaba en casa cuando había golpes militares. Es decir, escuchar la vida, la realidad, las noticias de tu país desde otro país, porque en el tuyo no podés. Con ese criterio nosotros decíamos que estábamos en Tailandia, que estábamos en Bangkok y que yo era el Maharajá y toda esa pavada. En realidad era una pequeña ficción, un paquete para envolver un programa de rock que tenía cierto delirio. Bueno, nos inspirábamos en cosas que habíamos escuchado antes seguramente. No tiene nada que ver con la película de Robin Williams ni con Vietnam, Aquí Radio Bangkok se llamaba así porque cuando era chico mi padre sintonizaba aires en onda corta y la señal decía “Aquí Radio Moscú”, “Aquí la BBC de Londres”. No sé por qué decía ese “aquí”, pero a mí me quedó el “Aquí Radio Bangkok”. Y el “Bangkok” era porque más o menos rimaba con Rock&Pop y porque a mí me había impactado mucho la película Emmanuelle que había sido filmada en Bangkok, Tailandia. Siempre me pareció que era como Buenos Aires pero del otro lado del planeta. El mismo caos. Después conocí Bangkok y confirmé esto.

¿Qué significa para vos Pancho Muñoz?

Pancho Muñoz, el poeta de la radio, es un amigo antes que nada. Hemos sido socios de trapisondas y producciones, y ha sido colaborador en varios programas. Empezó como guionista. La primera vez que trabajamos juntos fue en 9PM. Después ya volvió como participante al final de Buenos Aires, Una Divina Comedia en donde él ya hacía, por telefono, “Bebo Granadina Carles” y la “Bolsa Argentina del Cirujeo”. Que tuvo su impacto en su momento. “Bebo Granadina Carles” siguió en algunos momentos de Animal de Radio y en Tutti Frutti de Radio del Plata, donde además conducía La Metropolitana. Es un amigo en quien confío. Pancho es un tipo que en pocas palabras resume unas ideas muy irónicas, muy salvajes y muy claras sobre cualquier asunto de la realidad a través de la poesía, como hace el arte. Más un artista que un periodista, aunque él trabajó y trabaja de periodista. Un compañero de ruta durante muchos proyectos y muchos años. Y nos vemos, nos vemos para los cumpleaños.

Le diste pie a Fernando Peña para su debut radial, ¿qué crees que aportó a la radio argentina y por qué crees que se sigue escuchando hasta el día de hoy?

Fernando Peña es un fuera de serie, es alguien que no está dentro de la norma. Por lo tanto, va a seguir estando y seguramente va a ser estudiado. Cuanto más pase el tiempo, más se va a estudiar el fenómeno de Fernando Peña. Yo nunca vi algo igual. No existe hoy y no creo que exista tampoco. Es realmente una personalidad “esquizopéñica”, como decía él. Y esta capacidad de desdoblarse en varios personajes es algo único, y hacerlo de la manera que lo hace. Y sobre todo con la ayuda de la radio, gran herramienta para Peña. Si bien hizo tele y mucho teatro, la radio era donde tal vez el misterio mejor pegaba. Hoy con tanta cámara no se podría. Pero uno imaginaba que había varias personas charlando en esa mesa y era una sola. Una sola con un par de colaboradores que tiraban algunos pies, algunas cuñas para que él pueda interactuar con él mismo. Un fuera de serie. Un actor. Un comunicador también. Un “tapado”, porque él era un señor grande cuando apareció en la radio, y por esas cosas del destino apareció.

“Fernando Peña es un fuera de serie, es alguien que no está dentro de la norma. Por lo tanto, va a seguir estando y seguramente va a ser estudiado. Cuanto más pase el tiempo, más se va a estudiar el fenómeno de Fernando Peña. (…) Y esta capacidad de desdoblarse en varios personajes es algo único, y hacerlo de la manera que lo hace”.


¿Hay aspectos de la literatura o determinados autores que te hayan servido para desarrollar la creatividad en la radio?

La literatura y la radio se parecen mucho. La radio es medio como un libro. Cuando uno mira una peli o una serie está viendo la cara de un actor, viendo el árbol, el barco, la bala, la goma, el efecto, todo; apoyado por la música y toda una parafernalia de herramientas audiovisuales. Cuando escuchás la radio, solo el oído y la mente. Y es lo mismo cuando lees un libro: todos leemos el mismo libro y sin embargo la historia que se forma en nuestras cabezas, como viene de la subjetividad, es diferente en cada uno de nosotros. Y todos podemos imaginar distinta la cara de un protagonista, un hecho, una acción, un paisaje, lo que sea. Yo soy un lector temprano de literatura universal. De adolescente leí mucho, siempre leí mucho. Por momentos leo más ficción y por momentos otras cosas, más ensayos, estudios. En una época estuve muy interesado en las biografías, y me comí mil biografías de personas que me interesaban, autobiografías también. Ahora estoy de nuevo con la ficción; un poco con la ficción y otro con el ensayo, el relato, la investigación, pero me influye todo. Un cartel. Un libro. No podría decir qué libros no. Todos. Una palabra de un libro, una señal de otro, un sentimiento provocado por una secuencia de hechos en otros. Pero también un cartel en la calle, un aviso de publicidad, una foto, un color, un cuadro; cualquier cosa a mí se me traduce a radio en la cabeza.

Solemos ver tus videos en Filo News por Youtube, ¿qué significó para vos ese cambio de informar desde los medios tradicionales a una nueva plataforma y con un propio lenguaje?

Es un cambio fundamental porque estoy trabajando con gente muy menor a mí. Son chicos al lado mío, y eso es todo un cambio. Porque son las cabezas que piensan hoy las cabezas que dirigen mañana. Yo ya fui. Es un medio que está pensando con otra lógica. Y ahora están todos mirando el fenómeno Filo News, la prensa tradicional sobre todo: por el impacto, por cómo se hace, por la dinámica, por el discurso, por el mensaje, el léxico, por montones de cosas. Es otro medio, está concebido para gente que no mira televisión, que no escucha radio y que no lee el diario. Entonces, el grueso de los seguidores de Filo News son menores de 25 años, el grueso (hay gente más grande también). Digamos que entre los 15 y los 25 o los 30, y no consumen prensa tradicional, se informan a través de la media alternativa que vienen siendo las redes sociales, canales de YouTube, medios digitales. Y en general concebidos y manejados por gente joven.

¿Cómo llegaste a formar parte?

Primero me llamó Mario [Pergolini], luego Julio Leiva que es el director. Y ahí trabaja gente amiga. Ya hace unos años que lo hago, entonces es como que me fui adaptando. Y acostumbrarse a trabajar con gente nueva, con gente joven, con otra óptica, con otro ojo. Cuando la realidad la mirás con otro ojo, la ves diferente. No me costó, sí hay que concentrarse, tener la mente abierta y hacer el esfuerzo, pero no me costó más que otras cosas. No más que encontrar mi estilo dentro de la radio, eso fue más difícil.

¿Te ha acercado a las nuevas generaciones esa incursión?

Sí, claro, mucha gente me pregunta por eso. Porque tengo un público muy abierto, muy extenso, muy heterogéneo, y también multitarget. Como soy curioso y me aburro de mí mismo, siempre estoy probando cosas nuevas, creo que tiene que ver con eso, con cierto poder lúdico que conservo, como una niñez o una juventud extendida en el tiempo. Y con todos estos medios la radio sigue siendo muy fuerte. Pero hay un cambio de tecnologías. Igual, si estás escuchando un podcast y vas con el auto y tenés una perilla de volumen, estás escuchando la radio. Eso no cambió. Televisión es audiovisual a distancia, radio es audio a distancia, alguien transmitiendo y alguien escuchando. Después si viene por una señal digital, si te lo bajaste antes de salir de tu casa, si llega por la línea de teléfono inalámbrico, si lo escuchás por radio AM o FM, que sé yo, eso pertenece al pasado, como femenino y masculino o derecha e izquierda.

“Los nuevos medios, las redes sociales específicamente, e internet como sistema horizontal de distribución de información, de la cual podemos participar todos, no son la libertad. Porque la libertad no existe, en realidad nosotros somos presos de nosotros mismos y también de muchas tensiones que vienen del exterior. Pero sí, hoy cualquier persona puede tomar una cámara, hablarle a un micrófono y decir lo que quiera”.


Hoy cualquier persona puede tomar una cámara y hablar sobre algún tema, ¿lo ves como una cuota de libertad hacia el acceso a la información?

Los nuevos medios, las redes sociales específicamente, e internet como sistema horizontal de distribución de información, de la cual podemos participar todos, no son la libertad. Porque la libertad no existe, en realidad nosotros somos presos de nosotros mismos y también de muchas tensiones que vienen del exterior. No es fácil zafar de eso. Pero sí, hoy cualquier persona puede tomar una cámara, hablarle a un micrófono y decir lo que quiera. Y si lo que dice es acertado y merece la atención y el interés de la gente, puede ser viral y al otro día esa persona puede estar trabajando de algo que ni se había imaginado. Eso es muy loco, antes no estaba esa posibilidad. Tenías que terminar en una de las diez radios o cinco diarios que existían en la Ciudad. Y si no era a través de eso, no había posibilidad. Con la expansión de la radio hacia las radios comunitarias, las radios libres, las radios truchas, y todo eso, se empezó a abrir un poco. Después a través de la tele barrial, donde había canales y eso. Y cuando llegó internet, bueno, esto explotó. Hoy cualquiera puede tener una radio, un canal de televisión, un diario, lo que quiera. Tiene que laburar mucho, lo único. Y no sé si va a ganar dinero.

Fuiste un gran difusor del rock nacional, ¿cómo estás viendo este cambio paradigma musical que encabezan los pibes y pibas del trap y el hip hop argentino, que incluso cruza las fronteras?

Bueno, sí, yo empecé con Malvinas. Me tocó en 9PM, 17 o 18 días antes de la Guerra de Malvinas. Era un programa de rock que pasaba rock en castellano, en inglés, en italiano, en cualquier cosa; pero más que nada argentino e inglés. Y de pronto cambió el mundo, para nosotros, nuestras cabezas. Y todo se volvió rock nacional, y es bueno que haya sido así, claro. Era lo que tenía que ocurrir. Cuando uno está en el lugar justo y en el momento preciso, sucede.

Y bueno, son como culturas o capas culturales. Hoy se habla mucho de capas culturales. La revolución o explosión del folklore, por ejemplo, de los años sesenta. La del tango en el cincuenta. La del jazz tradicional, con bandas y todo, en el treinta, que después siguió hasta el cuarenta. El pop en los sesenta: El Club del Clan, Música en Libertad, Alta Tensión. El fenómeno y la explosión de la industria discográfica que se dio ahí, con el boom del folklore y del pop. Después vino el rock nacional. Y después el hip hop. Que es la cultura más extendida en el mundo. Si buscás música hoy, de los temas más escuchados o vendidos en las reproductoras de música o en los rankings de cualquier lugar del mundo vas a encontrar que gran cantidad de esos diez primeros temas son de hip hop o de trap. Es como el rock de los ochenta de alguna manera. Pero el hip hop en realidad es de los setenta, el rap aparece en el Bronx. Cuando en la ciudad de Nueva York el Bronx era Kosovo. Y de ahí los DJs y los break dancers empiezan con el rap, que tenía algunos antecedentes pero no sistémicos como fue después de los años setenta, y como después lo empezaron a tomar en todos lados. Primero fue una cosa de negros y después fue la música del mundo. Y ahora hay hip hop en el mundo entero.

Viviste una época de mucha inversión en los espacios culturales y su difusión a través de los medios públicos de la mano de Néstor y Cristina. ¿Cómo ves ahora esa promoción cultural respecto de políticas públicas?

Las políticas culturales públicas van y vienen con los gobiernos, y a veces dentro de un mismo gobierno están expuestas a vientos y tormentas. En esa época yo tuve mucha participación cultural. Lo primero que hice fue La vida es arte, que creo estuvo tres años en la Televisión Pública. Y después empecé con Encuentro en el Estudio, y luego Encuentro en la Cúpula. Sí, yo trabajé en esa época, por eso para mí fue la mejor. Pero la inversión cayó cuando Juntos por el Cambio toma el gobierno, de 2015 a 2019. De todos modos nosotros hicimos dos temporadas de Encuentro en la Cúpula, pero nada que ver con lo que fue Encuentro en el Estudio. También hice Vivo en Argentina, pero era un programa en vivo, de actualidad y de cosas más domésticas por así decirlo, aunque también son cultura. Y ahora la promoción cultural recibió el cachetazo de la pandemia. Entonces estamos en una especie de agujero negro. No sé lo que va a pasar.

¿Qué hacemos con esta basura residual del neoliberalismo?

Procesarlo. La basura se procesa o se esconde. Se recicla, se procesa o se tapa y no sabemos qué va a pasar hasta que sale. Lo mejor es procesarla. Y bueno, el neoliberalismo es una política que está basada en la ley del más fuerte, es Darwin al palo, como Hitler, el poder de los superiores sobre los inferiores. Son las condiciones humanas, y las izquierdas no han sabido hacerle competencia. Las izquierdas le dieron la posibilidad a [Margaret] Thatcher con el laborismo. Y la izquierda norteamericana le dio la posibilidad a [Donald] Trump. Es un poco así. Porque tampoco terminaron de conformar un modelo que pudiera saltar por el muro del neoliberalismo y convencer a la gente para que los vote. Y además, la “derecha” para mí es un término antiguo, al igual que la “izquierda”. Si uno ve a China, que es un país comunista, mirando las noticias parece un país de derecha, en el trato hacia su gente y en cómo los manejan.

¿Cuándo surgió tu faceta de artista plástico y qué lugar ocupa en tu vida?

Nada. Es un hobby. Artista plástico soy por hobby. Nunca mostré nada. Solo un par de amigos tienen algunas cosas por ahí. Y el resto atrás de las mesas, abajo de los muebles, escondido en los estudios. Me gusta, dibujé desde chico. Siempre me gustó entrar a los museos. Si paso por una galería y lo que miro desde la calle me interesa, entro y miro todos los cuadros del artista. Hice ese programa La vida es arte precisamente por eso, por ser un aficionado a las artes visuales. Me gusta.

Lalo, tengo una cabaña por la primera sección del Delta del Tigre. Amo ese lugar. Las pavas de monte, las tres clases de martines pescadores, las bogas, las carpas, los bagres. Todo es tan abundante. ¿Qué te pasa a vos viniendo de San Pedro con esta cuestión litoraleña?

Me pasa un poco lo mismo. No es el mismo paisaje el del Delta del Tigre que el de San Pedro. Frente a San Pedro están las Islas Lechiguanas. Cientos de miles de hectáreas de nada. Algunos pescadores. Riachos, ríos arroyos, y soja. Ahora llegó la soja. Bueno, ahora hay una bajante tremenda. Los gallitos de agua son muy lindos, caminando encima de los camarotes. El pájaro caracolero, que se para sobre una pata, agarra el caracol y lo empieza a picar, y al segundo o tercer picotazo le da en el centro, en el punto nervioso. Justo a un caracol de cinco o seis centímetros de diámetro que, como una mandarina, le pega y el bicho salta despedido por algún reflejo nervioso y ahí el caracolero se lo manda. Ver saltar los doraditos al amanecer o al atardecer. El amanecer, cuando sale el sol en medio del río, es lo más lindo de todo. Y ahí frente a San Pedro que tenemos unos sectores anchos, hay partes de dos kilómetros de una orilla a la otra. Imaginate un mar marrón, ese cielo azul, el verde de las islas, y el olor a barro. Me encanta el río.



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