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La Vida sin Ficción | Forjar nuestros relatos

La obra de Francisco Lumerman entrelaza historias en el filo de lo real para compaginar un gran cuadro de la condición humana. Nueve personajes, construidos por tres actores, que van redescubriendo su identidad a partir del reflejo de sus vínculos y las decisiones que deben afrontar para sostenerlos.


Por Marvel Aguilera. Fotos: Nadia Benedicto.

En su Poética, Aristóteles decía que la mímesis busca posarse sobre la esencia última de las cosas, dicho de otra forma, no representar la realidad tal cual es, sino que haya una representación donde la obra exista como fundamento cabal de la tragedia. La ficción es, sin más, la forma que tenemos de representar nuestra realidad. Quizás porque la verdad es una sustancia indócil, como decía Saer. Pero qué pasa cuando nuestra realidad ya está impregnada de esas ficciones. Eventos que construimos para salir a flote de entre un mar de hechos, vigilias y memorias que nos empujan hacia el abismo de lo incomprensible.

¿Hay posibilidad de representar lo que la ficción hizo de nosotros? ¿O acaso la ficción es el eslabón que necesitamos para poder entender algo de nuestra incertidumbre existencial?

La vida sin ficción de Francisco Lumerman parece abordar muchos de estos interrogantes a partir de una cadena de historias que indagan acerca del tiempo, las decisiones, los vínculos y la consciencia de muerte. Relatos que se mezclan sin terminar de hacerlo, que compaginan emociones, construyen hilos de recuerdos, y rompen la previsibilidad temporal. Porque lo que nos une, en buena medida, son esas pequeñas ficciones que usamos para diferenciarnos.

“Los límites entre la ficción y la realidad son un sinónimo de los límites entre la vida y la muerte. Se corren, intervienen y mixturan nuevas formas de entender la condición humana”.


Tras publicar la novela de su padre muerto, la cual resulta un éxito de ventas, Lucas se refugia en una cabaña para tratar de escribir una obra de teatro. La pena y la escucha son su fuente de conexión con un pasado borroso. Tres amigos de la adolescencia se vuelven a juntar para rodar un documental sobre esa novela. Una confluencia que pondrá en juego su noción de la amistad y lo que están dispuestos a hacer por defenderla. Una actriz interpreta un personaje de la película basada en el mismo libro, al tiempo que vuelve a reencontrarse con su hermano. Un vínculo de rispideces, reproches y sensibilidades a flor de piel que espejan una misma búsqueda de contención.

Las historias (interpretadas por Rosario Varela, Ignacio Gracia y Francisco Lumerman) son los fragmentos de una historia mayor. Una narración que corre por encima de ellos y que atraviesa a la vida misma. Los límites entre la ficción y la realidad son un sinónimo de los límites entre la vida y la muerte. Se corren, intervienen y mixturan nuevas formas de entender la condición humana.

Lumerman construye una obra en donde los personajes se arrojan al desafío emocional de pensar su lugar en el mundo, el dónde poder estar sin dejar de ser. Las pérdidas, las diferencias irreconciliables, lo que dejamos atrás, el temor a un futuro inmediato que no da tregua; todo presente confluye en una búsqueda permanente por encontrarse consigo, por dilucidar lo que somos con lo que nos dejan hacer de nosotros.

En una escenografía que muta entre decorados, proyecciones audiovisuales y climas espacio temporales con recursos bien logrados, la obra recorre ese ida y vuelta -como una partida de tenis- entre diferentes escenas que retoman la puesta anterior. Como aquellas oraciones que al decirlas otro decide terminarlas. Todo se concatena desde otro lugar, a partir de una nueva historia, un desenlace distinto pero similar.

Los vínculos entre los personajes pujan por estrecharse a pesar del resquebrajamiento, del quiebre latente. Con un paso del tiempo que está y los reencuentra, pero desde otro lugar.

Porque lo que exhibe La vida sin ficción es que las historias no son lineales, sino un constante deambular por los mismos dilemas: las esperanzas y desilusiones, el dolor y la aceptación, la alegría y el desamparo. Y la capacidad que tenemos de saber afrontar esos claroscuros; entender la muerte a partir de la vida, la paternidad a partir de la condición de hijo, las certezas futuras desde el desconcierto presente.

La vida sin ficción es una obra novelada, la breve historia de esas vidas que forjamos a la luz de las personas que vamos encontrando, de los pasos que elegimos dar o los proyectos donde nos embarcamos. A fin de cuentas, la dialéctica de esos rumbos que transitamos para conocernos, y que en cierta forma nos hacen pensar cuán responsables somos o no de escribir el propio relato de nuestras vidas.

Ficha Técnico Artística

Elenco: Francisco Lumerman, Ignacio Gracia*, Rosario Varela
Vestuario: Betiana Temkin
Iluminación: Ricardo Sica
Escenografía: Micaela Sleigh
Asistente de escenografía: Guadalupe Borrajo
Dirección de actores: Jorge Eiro
Movimiento: Manuel Attwell
Música original: Agustín Lumerman
Diseño gráfico: Laura Tavacca
Realización audiovisual: Nadia Benedicto
Motion Graphics: Mantrixa
Realización avatars: Florencia Tutusaus
Fotografía: Laura Mastroscello
Prensa y difusión: Carolina Alfonso
Producción ejecutiva: Zoilo Garcés
Asistencia de dirección: Manon Minetti
Dramaturgia y dirección general: Francisco Lumerman

Teatro Moscú – Juan Ramírez de Velasco 535, CABA.
Funciones: Sábados 21:00 hs. / A partir de julio: Viernes 20:30 hs y Sábados 21:15 hs.

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