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Denise y Luciana: Presas por autocultivo

Denise y Luciana, madre e hija, tenían en su casa tres plantas de cannabis que usaban para tratar sus padecimientos psicológicos. Ante un allanamiento policial sin orden judicial y una escena montada para los medios, fueron privadas de su libertad y les iniciaron una causa en la que sufrieron violencia institucional y violación a sus derechos humanos. Desde la prisión domiciliaria y con una pena morigerada, conversamos con ellas para conocer su caso en profundidad y volver a reclamar: ¡Libertad para Denise y Luciana!


Por Mariano Pugliese.

Denise Moruzzi y Luciana Esteche son madre e hija. Junto con Iván forman una familia pequeña y como la de cualquiera. Ambas tenían sus trabajos y vivían hace 20 años en el mismo PH en Vicente López. Pero esa vida tranquila y rutinaria un día cambió.

UNA MAÑANA DE TERROR

La mañana del lunes 29 de abril de 2019, Luciana estaba a punto de irse a su trabajo. Ya a punto de salir, empieza a sonar el timbre de manera violenta y desesperada. Cuando ella contesta, tocan la puerta. Abre con su celular en la mano y le dicen que es la policía. Los mismos le quitan el teléfono de la mano y le dicen que tienen una orden de allanamiento y empiezan a darle vuelta toda la casa.

En ese momento Denise estaba en su trabajo cuidando a un nene. De repente recibe una llamada de su hija explicándole la situación y sale corriendo para su casa. “Había una denuncia de que se falsificaban tarjetas de crédito. Ninguna de las dos estaba en la orden, o sea no nos buscaban ni a ella ni a mí, solo tenían la dirección. Y los mismos policías ven que en nuestra no hay ni un solo lujo, se nos caen los techos, están rotos los pisos, no hay nada que indicara que podríamos estar haciendo algo así y le dicen a Luciana que un allanamiento no puede dar negativo, siempre tiene que ser positivo”, explica la misma Denise. En un momento uno de los policía vio que en la casa había tres plantas de marihuana, las cuales retienen.

SU RELACIÓN CON LA MARIHUANA

Ellas no usaban la marihuana solo para consumo recreativo, sino que su principal uso era por cuestiones medicinales. Ambas sufrían de depresión y ataques de pánico. Anteriormente, para calmar estos problemas, utilizaban pastillas las cuales traían un montón de efectos secundarios severos. Pero gracias al cannabis los problemas cesaron entre un 80 y 90 por ciento. Según contó Denise, de no poder subirse a un colectivo, de repente empezó a ir en bicicleta a trabajar, a cuidar a un nene en la calle, a estar expuesta. Y antes de la marihuana no podía, porque sentía que algo malo le iba a pasar.

En cuanto a Luciana su forma de socializar cambió totalmente: “Yo no podía ir al colegio, ni socializar. Llegué hasta el punto de que un psicólogo me quisiera hacer un certificado, para que no vaya al colegio. Y cuando empecé a consumir marihuana fue un re flash, porque comencé a ser re sociable, hablaba un montón, me empecé a juntar con mis amigos, tenía mi trabajo, me empezó a gustar ir al colegio. Fue como un antes y un después para mí, porque yo era super pesimista y no me interesaba por nada. Y hoy en día que yo esté a punto de terminar el colegio y que lo quiera hacer, es un re paso”.

El DÍA QUE TODO CAMBIÓ

Luego de casi dos meses desde la requisa, Denise y sus dos hijos estaban mirando una película en la cama cuando, de repente, suena el timbre y Luciana va a atender. Cuando baja ve que de vuelta era la policía. Sin mucho preámbulo, le preguntan su nombre, le ponen las esposas y la meten al patrullero.

Unos minutos después sale Denise preocupada porque su hija estaba tardando mucho: “Me puse lo primero que encontré, ese día hacía mucho frío y ni un buzo me pude poner. Cuando llego a la puerta veo a mi hija adentro del patrullero y se me cayó el alma al piso. Ahí le dije al policía: ‘¿Puede venir mi hijo conmigo? Porque yo quiero ir con mi hija’. Y me dice: ‘no él no puede venir’. Le dije que me espere y me tiré adentro del patrullero, porque tenía miedo de lo que la policía le podía llegar a hacer. En ese momento no me importaba nada, ni quedarme en la puerta de la comisaría, ni nada. Cuando bajamos me dicen: ‘No la abrace, ponga las manos atrás que también está detenida’”. Ese día Iván quedó solo, ya que en su familia solo son ellos 3. “Nos decíamos ‘Mirá lo que se va a comer este pibe porque su mamá y su hermana tenían tres plantas’”, relata Denise sobre su hijo.

Cuando las llevan a la comisaría las encierran en una celda muy pequeña, la cual ni siquiera tenía ventanas. Unos minutos después, Luciana comienza a tener un ataque de pánico. Denise pide asistencia. Pero la respuesta de los oficiales fue separarlas y llevarlas a una dependencia distinta. “Yo les pedía que no me separaran de ella, ahí me empieza a gritar la fiscal y el de la DDI salta a defenderme y pensaba por suerte hay alguien humano acá”.

A Luciana la llevaron a la Comisaría Cuarta de San Isidro, mientras que Denise fue trasladada a la Primera de Olivos. El primer día un oficial le dijo: ‘si tenés que pelear, peleá’. La incertidumbre, la impotencia y el llanto, son los sentimientos que la invadían ese primer día, cuando entró a la cárcel.

Mientras tanto Denise estaba encerrada en una “celdita”, cual animal encerrado en una jaula. “Les tuve que rogar que me trajeran una silla, me querían hacer sentar en el suelo”. Y entre los vómitos por los nervios que sentía, había un solo pensamiento que rondaba por su cabeza: ¿Dónde están mis hijos?


CHICAS, ESTÁN SONADAS

Probablemente se estén preguntando: ¿Qué fue lo que desató todo? ¿Cómo es que la vida dos personas normales cambia así de la nada? “Chicas, están sonadas”. Esa era fue la frase que, unos días después, les haría entender todo.

Al día siguiente que Denise y Luciana fueran detenidas, el municipio de Vicente López utilizó sus redes oficiales, para hacer distintas publicaciones, acusándolas de narcomenudeo. Ya que fue la misma policía que plantó una escena falsa, en la que estaban sus plantas, junto a celulares y otros artículos, entre los que se incluía un kilo y medio de cocaína, el cual no se menciona en el expediente.

En las redes publicaron sus nombres y dirección completa. Un tiempo después, a través de distintas fuentes, se enteraron que todo esto fue una cama política que les hizo el intendente Jorge Macri; que necesitaba los votos. Incluso el día que las detienen, el mismo subcomisario les confiesa que sabían que ellas no vendían, pero Macri necesitaba votos y Patricia Bullrich (entonces Ministras de Seguridad de La Nación) tenía que llenar una estadística.

“Ellos tuvieron el poder de hacer eso sin ningún inconveniente, porque estaban respaldados. Pero no les importó nada. Ni publicar nuestra dirección, ni mi otro hijo de 15 años, que por poco tenía que salir de noche escondido para ir a cualquier lado”, explica Denise con indignación. Y agrega: “Ellos saben dónde están los puntos de venta, y sabían que nosotros no vendíamos y que no tenemos donde caernos muertas”.

LOS DÍAS ADENTRO

“Al caer preso, también te das cuenta que arrastras a toda tu familia. La primera vez que nos vino a visitar Iván pensé que iba a ser emocionante, pero dije: ‘¿qué hace acá?’ Porque lo requisaron, te hacen sacarte la remera, el buso, las cadenas, te revisan un montón y para ellos es espantoso. También verlos en ese ambiente”, cuenta Luciana acerca de sus días en la cárcel.

Estar preso no es como te lo cuentan en El Marginal. No hay un “kapanga” que maneja todo y tiene sus negocios turbios adentro y se llena de plata. Según cuentan ellas es más un todos contra todos o más bien una lucha de débiles contra fuertes: “Por la relación que teníamos entre nosotras éramos los eslabones débiles, nos buscaban pelean, nos robaban la comida, nos hacían pelear entre nosotras. Porque una vez que la policía te cierra el chapón, defendete como puedas. En un momento decíamos: ‘acá vamos a morir’”, explica Denise. A veces las otras internas las buscaban. Tenían que pelear por la comida: una papa, un tomate; cualquier excusa era buena para que fuesen sometidas por sus compañeras y así demostrar quién estaba al mando. “Si te sacan algo no podes lamentarte, tenés que pelear. Yo cuando entré no mataba a las cucarachas, las espantaba y eso fue un problema ahí”.

Y por supuesto también está la brutalidad del personal carcelario, que tampoco perdían oportunidad para demostrar autoridad. “A mí una policía me amenazó diciéndome que si intentaba fugarme me iba a cagar bien a trompadas y me iba a bajar todos los dientes. Sólo había llegado hace una hora” cuenta Luciana con una seriedad tan natural que lastima. “Había policías (mujeres) que eran buenas y te trataban bien; y otras que eran muy pesadas”, agrega Denise. De hecho en su primera salida de la comisaría las hicieron ir a ver a su defensora. Las llevaron esposadas por la calle, totalmente expuestas, con toda la gente mirándolas. Ese es un claro ejemplo de cómo funciona el sistema.

CON UN PIE AFUERA Y EL MISMO ADENTRO

El 25 de octubre Denise y Luciana son citadas por el juez, que les tenía una noticia. Les iban a otorgar la morigeración de la pena. No pudieron contener la emoción y comenzaron a llorar abrazadas. Pero el juez las frena y les dice: “Miren que no están del todo libres”. Las dos le contestan: “Por lo menos salimos de acá”. Y aunque todo era alegría por la noticia, los días comenzaron a pasar y pasar, y ellas seguían en la cárcel. “No nos liberaban todavía porque no tenían las pulseras. Ahí le dije al procurador que le iba a mandar una carta a los jueces para nos saquen de acá”, explica Denise.

Las chicas esperaron y esperaron hasta el 13 de diciembre. Y ante el cansancio de esperar decidieron tomar cartas en el asunto. Ese mismo día comenzó la huelga de hambre. El objetivo era para que todas las chicas del pabellón pudieran tener acceso a una morigeración u otro tipo de beneficio. “Vino una requisa, nos habían sacado todo los alimentos, lo único que nos dejaron fue la yerba y el agua; hasta habían cerrado las heladera con candado”, recuerda Luciana. La protesta duró en total 5 días. Los tres primeros estuvieron solo a mate, tal como cuenta Luciana. El cuarto día les habían permitido tomar caldo y jugo, ya que había muchas chicas que estaban desmayadas y descompuestas.

El mismo día que se levanta la huelga todas las internas fueron a clase de rugby. En un momento una oficial la llama a Denise y le dice: “Moruzzi no haga ni un ruido”. Mientras tanto Luciana estaba jugando al rugby con el resto de sus compañeras. Y aún sin haber comido nada en 5 días, ella estaba corriendo y tacleando, sin que nada le importe. Cuando voltea a ver a su mamá, la ve saltando de la alegría. “Corrí para ver que pasaba y me dijo que nos íbamos ese mismo día. Fue el día más largo de vida”.

Pero su odisea para volver a casa no terminó ahí. Ellas iban a cumplir la prisión domiciliaria en la casa de la mamá de Denise. Cuando llegan allí ya era la madrugada. Luciana toca el timbre, pero su abuela no la reconoce. Asustada llama a la policía diciendo que había gente extraña que quería entrar a su casa. “Mi mamá se deterioró mucho durante estos 8 meses. Se deterioró mucho tanto psicológica como físicamente. Esto llegó a tal punto que el día que llegamos no nos quería abrir porque no nos reconocía, el policía tuvo que llamar tres veces de su celular para decirle que éramos nosotras y ella llamaba también a la policía”, relata Denise.

PRESENTE Y FUTURO

Actualmente la familia vive en ese pequeño departamento. Luciana duerme en la cama de arriba, Denise en la de abajo e Iván en el piso. Un espacio muy reducido y teniendo que lidiar con sus problemas psicológicos. “Ahora tuvimos que volver a la medicación que odiábamos, porque nos pone de mal humor o nos duerme”, explica Denise. Aunque siempre tratan de levantarse positivas: “Hay gente divina que nos apoya. Ayer vi a una nena de dos años con un cartel con nuestro nombre que decía libertad y eso te llena de fuerza”. Y contradictoriamente agregan: “Pero después pienso: somos presa políticas, no nos olvidemos”.

Y en cuanto a su situación judicial, ellas nunca pudieron acceder al expediente de su causa. Todas las veces que lo han solicitado se les negó. Según cuentan, los jueces se estaban agarrando de mensajes de Whats App, no lo hacían ni de videos, ni de ningún tipo de evidencia. “Ni siquiera hubo una denuncia anónima como se dijo”.

En cuanto a qué tipo de ayuda están recibiendo, según sus propias palabras, la respuesta es: nadie, quedaron varadas. El único apoyo que reciben es de las chicas de La Red De Cannabis Feminista y El Jardín del Unicornio, quienes hacen un gran esfuerzo por ayudarlas, pero por puro amor y empatía. “Gente en nuestra situación piensa: ‘no tenemos ni voz ni voto’. Y si bien la nueva ley está muy buena, a nosotras no nos afecta, estamos exentas de todo eso. Hay que cambiar muchas cosas todavía. No puede ser que todavía tengamos una ley con multa en australes y que la ONU, que se supone que tiene gente que estudia, siga teniendo a la marihuana como una droga”, expresa.

El pasado 12 de noviembre, se aprobó en nuestro país el cannabis para uso medicinal. Y en febrero de este año comenzaría el debate para regular el autocultivo, la producción y la venta de cannabis para uso medicinal, terapéutico e industrial. Pero la verdadera pregunta es: ¿Qué va a suceder con las miles de personas que ýa están en la cárcel por cultivar cannabis? Está ley ¿las contemplará?

En cuanto a su futuro personal, Denise quiere empezar a estudiar para ser trabajadora social y así poder ayudar desde algún lugar a gente en su misma situación. Y el objetivo de Luciana va a ser terminar el colegio, que está haciendo de manera online. Pero según ellas dicen, todo lo que les pasó no las va alejar de la militancia. Al contrario: “En un principio nos encontramos con lo peor de la comunidad cannabica y después pudimos encontrar a la gente de bien. Ellos nos dan fuerza para querer seguir militando y salir adelante”, dice sonriendo Luciana. Y su mamá agrega: “Sabemos que no vamos a ser las últimas, queremos decirles a los que están en nuestra posición que cuentan con nuestro apoyo. Que sepan que no están solos”.

Denise y Luciana vivieron este calvario solas. Nadie las ayudó y casi nadie las está ayudando. Por eso es importante saber su historia y entender que hay situaciones insólitas que pasan más allá de nosotros y que pueden cambiarnos para siempre. Y es importante saber su historia para que no se vuelva a repetir.

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