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Matar a la bestia | El pavor y el asombro de enfrentarse a una misma

Dirigida por Agustina San Martín y protagonizada por Tamara Rocca, el filme que tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto e integró la Competencia Argentina del Festival de Cine de Mar del Plata, despliega una historia que cruza entre la tensión del deseo, los miedos y la mitología popular.


Por Laura Bravo.

Tendrás que hacerte amiga de lo oscuro / si quieres dormir por las noches.
Gloria Evangelina Anzaldúa

 

Calor, cuerpos y tierra colorada conforman el andamiaje visual de la ópera prima de San Martín. Una adolescente llega a Misiones en busca de un hermano a quien, desde hace tiempo, le envía mensajes de audio que no obtienen respuesta. Ese viaje la devuelve a la selva en la que vivió su infancia y también a una nueva selva metafórica habitada por una bestia extraña que acecha a las jóvenes de la región. 

Admiradora de Lynch y Argento, la directora juega con atmósferas antes que con verdades explícitas. Elementos propios de la fantasía y el terror se combinan en un territorio fronterizo e intercultural que remite a interludio entre adolescencia y vida adulta, a nebulosa, a fronda palpitante. Los sonidos de la selva, el barro del camino y el zumbido indeclinable de las moscas confluyen para generar, incluso, cierta incomodidad en el espectador.

Las vivencias familiares, los discursos religiosos, se contraponen al peso de los cuerpos y a las untuosas pieles transpiradas. Esto da por resultado un sincretismo que se permite un Ave María tecno, una hibridez que no podría ocurrir en otro escenario que no fuera ese límite, ese artificio que divide (sin dividir) Argentina de Brasil. 

“Elementos propios de la fantasía y el terror se combinan en un territorio fronterizo e intercultural que remite a interludio entre adolescencia y vida adulta, a nebulosa, a fronda palpitante”.


La selva no es una locación más al momento de filmar, impone sus reglas. Matar a la bestia saca provecho de los desafíos del entorno, de las construcciones añosas, de los animales, del clima, de todo lo que se muestra tan lóbrego como bello, raro y proliferativo.

Exorcismo queer, tal como fue llamada en los primeros debates post proyección, el casting refleja la diversidad de los cuerpos allí donde la geografía se impone a las convenciones, donde los pueblos e idiomas se confunden, donde las normas se desdibujan.

La película, en palabras de la directora, trata acerca del lado oscuro del deseo sexual femenino y se pone en conversación con el pombero y otros mitos populares correctivos de nuestro país. En este sentido, la tensión del deseo versus miedo no es solo una cuestión argumental, sino que traspasa la pantalla gracias a pertinentes trabajos de color y sonido que sacan a la superficie el pavor y asombro de enfrentarse a una misma.

Como afirma Lacan en el Seminario 8 “para que la angustia se constituya es preciso que haya relación en el plano del deseo (…)”. Desde esta óptica, la opresión que siente la protagonista proviene de su condición de mujer deseante en ese espacio donde todo abunda, donde hasta la naturaleza se expande sin mesura y sin control.

Matar a la bestia. Argentina/Brasil/Chile, 2021 – 79 minutos 

Dirección y guion: Agustina San Martín. Producción: Diego Amson y Lucila de Arizmendi. Dirección de Fotografía y cámara: Constanza Sandoval. Dirección de arte: Agustín Ravotti. Dirección de sonido: Mercedes Gaviria Jaramillo (ASA). Sonido: Laura Zimmermann.

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