Música

Tango y anarquía

Tangos Libertarios Quinteto Negro La Boca - Javier Iglesias

“No habrá verdadera democracia mientras haya villas miseria”, sentencia la voz grabada de Osvaldo Bayer. Sin aviso ni anuncios por parte de los organizadores, los presentes se callan y escuchan. Disfrutan y saborean la severidad de la voz del maestro. El gimnasio del Club Atlético Fernández Fierro se convierte por un rato en un anexo del “Tugurio”, como llamaba Bayer afectuosamente a su casa en el barrio porteño de Belgrano.


Por Federico Müller. Fotos Javier Iglesias

Todavía falta para que el Quinteto Negro La Boca suba al escenario y empiece este show homenaje al recordado escritor que retrató mejor que nadie a la trágica Patagonia Rebelde y al anarquismo de principios del siglo XX. Aún así, ya no entra un alfiler en la sala. Contra una pared color negro -¿negro anarquista?- se proyecta un video producido por su hija Ana que muestra escenas de la vida de Bayer mezcladas con su narración.

“La poesía para cantar el derecho al trabajo, el amor a la familia, a la compañera de vida y a los ideales”, define Bayer. Aunque las cervezas y el vino abundan en esta misa a la rebeldía, el clima es sorprendentemente silencioso. Los espectadores toman de sus vasos con cuidado, tratan de que no se escuche ningún ruido que pueda hacer desaparecer la magia que de a poco se adueña del lugar. Absortos miran la imagen de quien los acompañó -en persona o con sus textos- toda su vida y en la oscuridad se ven sus ojos cada vez más humedecidos, pequeños faroles que sirven de velas en esta vigilia anarquista. Hace calor y el aire húmedo podría ser calificado de pegajoso. Se lo combate con un par de ventiladores de piso, con la bebida, con abanicos, o con puro optimismo.

Sin preámbulos, el Quinteto Negro La Boca toma el escenario. Comienzan a tocar uno de sus tangos instrumentales con pasión y devoción. Pablo Bernaba, director del conjunto, hace ilusionismo con el bandoneón. Con una pierna apoyada sobre una silla y el instrumento sobre el muslo, le roba melodías agridulces. Se muerde los labios, concentrado. El show apenas ha empezado y ya le brilla el pelo negro azabache que le llega a los hombros. El sudor le cae por la frente.

En el clímax de la pieza, Bernaba levanta el bandoneón y lo extiende sobre su cabeza. Como si fuese una bandera, un trofeo, una ofrenda al público, a Bayer, o a la vida. Maneja el instrumento como si fuese una extensión más de su cuerpo.

Luego del aplauso estruendoso, mitad para ellos, mitad para Bayer, toma el micrófono. Porta una sonrisa triste. “Osvaldo era uno más del Quinteto”, dice entre aplausos y resalta la relevancia histórica de Bayer: “podemos decir que los que estamos acá fuimos contemporáneos al maestro”.

Tras una indicación de la banda, la proyección del homenajeado es reemplazada por un retrato del anarquista expropiador Severino di Giovanni, uno de los personajes más estudiados por Bayer.

En un dos por cuatro hipnotizante, el quinteto nos lleva a recorrer la vida de este mártir de la libertad en el tango “Severino”. Interpretado por Pablo Platini y acompañado por Oscar Pitana en el contrabajo, Martin Quintana en el saxo, Gastón Ruiz en la guitarra eléctrica, Guillermo Borghi en el Piano, y Bernaba en el bandoneón.

Así nos cuentan la historia de este luchador que combatió al fascismo italiano y a la dictadura de Uriburu. Sus armas fueron los diarios y la violencia. La pluma y la dinamita. Su fusilamiento en 1931 fue presenciado por Roberto Arlt:

Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?

Pelotón, firme. Apunten.

La voz del reo estalla metálica, vibrante:

¡Viva la anarquía!
— ¡Fuego!”

En realidad, Giovanni lo dijo en italiano: “E Viva l’Anarchia”. Esa frase ilustra junto a una caricatura de Severino la portada del álbum Tangos Libertarios. Para ese proyecto Bayer ayudó a escribir la letra de varios de los tangos a los que el Quinteto les puso la melodía.


Di Giovanni tuvo un apasionado romance con la jovencita América Scarfo. En un video, Osvaldo dice que el anarquista escribió las más bellas cartas de amor que jamás haya leído. Una de ellas, plasmada en la canción “Cara Mía”, fue interpretada por la poderosa voz de Natali Di Vincenzo.

La bola de espejos en el techo se convierte en una máquina del tiempo y borra el calor porteño transportando el espectáculo al sur del país. Empiezan a sonar los acordes de “Patagonia Rebelde”, sin dudas la pieza central del disco Tangos Libertarios. ¿Y cómo no va a serlo? Si es también la obra cúlmine de Osvaldo Bayer y a la que le dedicó la mayor parte de su vida. Hernán Fernández canta con firmeza los trágicos sucesos. La potente voz de Brisa Videla convierte al tango en un rap en algunos versos y subvierte la expectativa. El lamento del bandoneón se convierte ahora en rebeldía y reclamo con cada estrofa marcada por la batería.

La magia lleva el espectáculo ahora unos kilómetros hacia el mar, frente al puerto. Allí, Brisa emociona al público cuando -pañuelo verde en mano- cantó “Las Putas de San Julian”. Relata la dignificada resistencia de las prostitutas del burdel “La Catalana” durante la represión. Como si fuese un musical, el tema hasta tiene una coda donde la cantante se permitió romper cualquier tipo de tabú subiendo a una pequeña de no más de cinco años a cantar el estribillo de la canción. Algún alma tilinga en el norte de la ciudad sentirá un escalofrío al enterarse de que una menor de edad dio cierre a una canción sobre trabajadoras sexuales.

Tangos Libertarios Quinteto Negro La Boca - Javier Iglesias

El Fernández Fierro se ha convertido en un templo al anarquismo. Todos son iguales y todos están invitados al banquete de la vida, sin distinciones de edad o de gustos. Hay viejos escuchando rap, y pibes escuchando tango. El Quinteto Negro La Boca logra lo impensado: un crisol de estilos que no deja de ser armónico. Esto también es, en sí mismo, pura rebeldía. ¿Cuántas veces se escucha decir que la libertad solo puede dar como resultado el caos?

El público se enardece. Vitorea. Llegó el momento que más gusta. Es hora de la parte del show que el grupo ha llamado “bloque antipolicial” (denominación que roba carcajadas). Bernaba coloca un pequeño patrullero de juguete de la Policía Federal en el escenario. Esto es la policía en este momento, motivo de burla y del tamaño de un soldadito de plomo. Aquí no tienen poder el miedo y la opresión.

El bloque empieza con Platini cantando “Vengador”. Lo acompaña la rebelde verborragia de la rapera Malena D’Alessio. El tema que relata el asesinato del coronel Varela, responsable de la represión de la Patagonia Rebelde y celebra a Kurt Wilckens, el anarquista alemán que lo mató de cuatro tiros. Los mismo cuatro tiros que el militar ordenaba darle a los condenados a muerte.

Hernán Fernández toma el escenario y cuenta cómo Simon Radowitzky reventó al represor Ramón Falcón. Canta “Chau Falcón, Gracias Simón”, pero le hace una modificación. Ahora un verso del estribillo dice “gracias Osvaldo”. Bayer sonríe, donde quiera que esté. Lo recuerdan puteando a uno de los más nefastos personajes de la historia argentina. De forma provocativa, Fernández se acomoda una corbata imaginaria al describir la “zona bien paqueta” donde está la tumba del militar, en plena Recoleta.

Todos los cantantes se suman ahora para tocar una versión de “Ya No Sos Igual”, originalmente de la banda de punk Dos Minutos. Pocos temas retratan tanto el sentimiento “antiyuta” como este. Quizás por eso todos se suman a cantar a coro el estribillo: “Ya no sos igual / ya no sos igual / sos un vigilante de la Federal”. Los cantares van acompañados de sonrisas. Sonrisas pícaras. Rebeldes. Esa sonrisa que disfruta de joder, aunque sea por un rato a quienes joden la vida entera. La canción es coronada con un cántico a coro contra el presidente Mauricio Macri.

Anarquistas, peronistas, troskistas, progresistas, aquí hay de todo y convive sin conflictos. Los une la rebeldía. El feminismo tampoco podía faltar, y Brisa Videla hizo hincapié en que al presidente se le dijera “hijo de ‘yuta’”, comentario que robó sonrisas y aplausos de las mujeres presentes.

Lo sigue un pequeño homenaje a Eduardo Galeano, en la que el Quinteto interpreta una versión musicalizada de su famoso poema “Los Nadies”. “Cuando se murió Galeano, Osvaldo dijo que se había ido el más grande”, relata Bernaba, “pero para mí el más grande se fue hace tres meses, y era Bayer”.

Casi al final del espectáculo, el Quinteto Negro La Boca devela uno de los temas que integrará su próximo disco, interpretado por la poderosa voz de Videla. Se trata de “Cuantas veces la música toca en el mismo lugar”, una pieza que mezcla tango y ska. La letra y la melodía se fusionan mágicamente para hacer lo que su título describe: golpear allí donde solo el arte sabe tocar. La incorporación de unos compases de “Bella Ciao” (perdón, “Macri Chau”) levanta al público en un último éxtasis antes del gran final.

¿Cómo termina un concierto anarquista? Celebrando la vida, no puede ser de otro modo. Ante el pedido del quinteto todos se ponen de pie y bailan “Bombón Asesino”. Pero no es cualquier versión. Ésta es feminista y latinoamericana, e incorpora varias estrofas de rap de Malena D’Alessio. Cuando dispara un doble tiempo que ametralla el público con palabras, la multitud explota en aplausos.

El acorde final termina en seco. El aplauso no se hace esperar y dura varios minutos. Son las once en punto y es imborrable la sonrisa que el Quinteto Negro dibujó en la cara a los presentes. Si el valor de una vida pudiese medirse, quizás sería justo que fuese así: por la cantidad de corazones alegres que uno ha dejado en su camino.

Bayer fue un intelectual, un escritor, un periodista, un historiador. Pero Osvaldo, en cambio, es esto: cientos de personas que se esparcen por el barrio del Abasto sonriendo con el alma. No está muerto quien pelea, y por eso Bayer continuará dando lucha mientras lo lean, lo canten y lo quieran.

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