Vértices

Hasta que arda el último Rey Momo: Entrevista con El Rechifle

Febrero es el mes de los carnavales porteños, la murgas brotan en los barrios para sacar la alegría a las calles. La murga El Rechifle de Palermo se prepara para su última fecha en este carnaval y nos colamos un rato en el ensayo para charlar.


Por Mercurio Sosa. Fotos Flora Nómada

Mi primer contacto con el Carnaval fue a los siete años, vivía en Cochabamba, Bolivia. El recuerdo me llega a la mente tras el iris de un niño: la imagen de las cholitas bailando con sus polleras coloridas y sus galeras blancas, las comparsas, las banderas de colores. Sentado en los hombros de mi abuelo, mi cara debe haber transmitido un júbilo soñado, tan magnético que hizo que mi abuelo me comprara un traje de bailarín que todavía debe estar en algún rincón en lo de mis padres. Cuando volvimos de Bolivia y nos instalamos en San Miguel, el carnaval tomó otro sentido para mí: llegaron las bombitas de agua, las que algunos congelaban o les ponían agua podrida. La misión era llegar de un lado a otro en bicicleta, esquivando las bombitas, acelerando cuando llegaban los baldazos, y desviando el camino cuando veías, a lo lejos, alguna de esas pandillas maliciosas cuyo único objetivo era causar dolor.

A los 18, con amigos, hice el típico viaje de peregrinación al norte argentino. Recorrimos toda la quebrada, el viaje de trasmutación espiritual hacia Iruya, la fiesta de Tilcara, pero fue en un Hostal de Humahuaca donde me compré un ejemplar de Los Diablos Benditos de Toqo Zuleta. Lo leí en un par de horas, y me desconcertó, particularmente la imagen de los diablos, esos seres amos y señores del carnaval que bajaban del Hornocal con sus trajes multicolores; con la cola te dominaban y con las máscaras se escondían. Hay algo simbólico en la máscara, en dejar de pertenecer a algo y convertirse en otra cosa, en la pérdida del yo social para convertirse en uno individual.

¿Dónde están los límites para un ser de identidad reservada? Esos límites se corren, fuera de la mirada del otro, las pulsiones más primitivas salen a la luz. El carnaval ofrece todo lo que una fiesta dionisíaca a la latinoamericana puede ofrecer.

Cuando cubrí el carnaval de Gualeguaychú, noté que las comparsas venían con esas enormes carrozas decoradas que desfilan una tras otra en el corsódromo. Cada comparsa tiene sus bailarines y bailarinas. Hay mucha pluma, y los concursantes parecen pavos reales. Pero fuera del corsódromo es que se vive la verdadera fiesta. La ciudad se ve invadida por hordas de forasteros cargados de un arsenal de bebidas alcohólicas. Los más pudientes alquilan casas, pero la mayoría duerme en un camping llamado Solar del Este que ha llegado a albergar a más de cinco mil personas. Se podría decir que es como una fiesta dentro de una fiesta.

“Somos artistas callejeros y lo que hacemos es eso: predicar la alegría del pueblo con nuestra voz”


En La Darwin

En este caso quise escribir sobre otro aspecto del carnaval, el familiar. Y para eso decidí entrevistar a una Murga: El Rechifle de Palermo.

El carnaval empezó en la Ciudad de Buenos Aires a partir de 1771, pero fue a partir de 1915 que las comparsas empezaron a desaparecer y surgieron las murgas. Las murgas son grupos de percusión, con bailarines. Cada grupo tiene sus colores, los trajes a tono, pero cada representante personaliza su traje con insignias que son importantes. La batucada, la percusión rítmica, toma las calles de la capital. Muchos de los grupos pudieron superar las etapas más oscuras de la historia argentina, pero la dictadura logró erradicar a varias de ellas: Los “Elegantes de Palermo” ensayaban escondidos y con mucha cautela. Fueron una de las pocas agrupaciones que continuó el linaje.

La reunión se llevó a cabo en la Plaza Laureano Maradona, o “La Darwin” como le dicen ellos. Hoy es martes 25 de febrero y es el último día de carnaval. Llegué un poco antes porque imaginé que la entrada iba a ser magistral: un bondi escolar naranja llegó lleno de gente, el ritmo percusivo brotaba por las ventanas, una bandera enorme, violeta y naranja, se asomaba por la puerta abierta. Cuando el bondi frenó, el hombre que la sostenía saltó y la agitó cortando el aire con la poesía que solo la cultura popular posee.

En cuestión de minutos la plaza se llenó de gente, todos tenían los colores del Rechifle. Se vivía un clima sumamente solidario, las chicas se hacían trenzas entre sí, se maquillaban el rostro. Dos niñas en particular se miraban en un espejo, tenían corazones pintados en los cachetes.

El Chino es el director de la murga, fue quien la fundó en 2007, y quien me va a ir presentando a los distintos referentes. Ayelén es una de las más antiguas, tiene una musculosa blanca que dice “Loca con licencia”.

Durante toda la entrevista va a sonar un bombo lejano, que está entrando en calor.


¿Vos sos la coreógrafa de la murga, no?

Eh, coreógrafa… más o menos, soy la directora de baile. Estoy acá desde el inicio.

¿Cómo es preparar la rutina de danza que se va a ver en el carnaval?

La verdad es que no la preparo sólo yo, trato que todos participen, es un laburo en grupo. A mediados de año… junio, julio, nos juntamos y empezamos a armar cosas de a poquito, pequeños pasos y luego armamos una estructura que nos guste a todos. Yo lo que hago es guiarlos.

¿Tenés alguna idea conceptual?

Sí, sí, parto de una estructura o alguna idea, lo bajo al grupo y lo terminamos armando entre todos.

¿Cómo es el hecho de prepararse todo el año para hacer ocho presentaciones?

Ocho días, sí, son quince presentaciones más o menos. Te diría que es un estilo de vida, una filosofía, es algo que uno elige porque ama la murga. Es esperar todo el año para salir en febrero. Aunque durante el año tenemos nuestras salidas, lo más importante es el carnaval.

“La murga es trabajo social, sacamos a los chicos de la calle, nosotros vamos a comederos o lugares donde vive la gente de bajos recursos y los incentivamos para que vengan acá, a las plazas, que sean parte de la murga, como un lugar de contención”.


¿Cómo empezó todo?

Bailo murga desde que tengo 10 años. Tengo 28, o sea hace 18 años. Una vez mí tía me llevó a un ensayo de una murga en Villa Devoto porque tenía unos amigos. Ahí me enseñaron a bailar y empecé a salir con esa murga. Desde ese día no hubo un febrero que no haya salido en un carnaval, es parte de mí ya.

¿Qué se siente bailar dentro de una murga? ¿Piensan en los pasos o lo dejan fluir?

No, no, para eso trabajo todo el año. Trabajamos todo el año para tener la confianza de que las cosas van a salir como tienen que salir, y una vez que suena el bombo, ya está todo. La murga es como estar en trance, cualquier cosa que tengas en la cabeza, cualquier cosa que haya salido mal, se termina en ese momento. No sé cómo explicarlo pero es así, es felicidad plena y es una vivencia única para los que decidimos hacer esto, y para los que hacemos esto.

¿Y se retroalimentan con la gente?

Con la gente y entre nosotros. Tener a tus amigos, a tus compañeros… Nosotros somos 50 personas que nos elegimos todos los años, todos los días. Ya más cerca de febrero nos vemos miércoles, viernes, sábados, domingos, lunes. Es una convivencia también, de estar laburando, de los enojos, de las discusiones, de arreglarnos, de todo. Entonces es retroalimentarse de los amigos, que son la gente con la que laburás todo el año y con la gente. Esto es el arte callejero, es para lo que laburás todo el año, para salir a la calle y alegrar un poco a la gente. Es algo que tengo incorporado desde chiquita, aunque hago otras cosas, la murga siempre es algo que nunca dejé, algo genuino, que es parte de mí.

Cuando termino la entrevista el bombo sube el volumen. Mientras deambulo por la plaza veo a una chica sentada, tiene unas polainas que son violeta y naranja, tienen unos flecos blancos, sus zapatillas están a tono con el uniforme. La chica está apoyada contra una reja, mira hipnotizada cómo bailan sus compañeras, atrás cuelga la chaqueta de su uniforme que tiene un unicornio de colores.

El Chino aparece por mi espalda y me presenta a Rocío, me dice que baila y canta en el escenario. El ruido del bombo y platillo copó toda la plaza, por lo que debemos alejarnos brevemente.


Rocío ¿vos también sos una de las fundadoras de la murga?

No, yo estaba en otra murga, y soy amiga del Chino hace muchos años. Estoy en la murga hace 9 años.

¿Cómo es la experiencia de pertenecer a esta murga?

Y… es hermoso, es cansador, nadie dice que no. Nosotros en el escenario, en esta época, ensayamos 3, 4 veces por semana. Sumale los ensayos en la plaza… pero es una experiencia increíble; el que no sabe como que… te tiene que nacer; se me pone la piel de gallina.

¿También tiene una cuestión educativa no? Tienen chicas y chicos muy chicos y como que van creciendo con la murga.

Sí, bueno, yo vengo con mis hijos. Arranqué muy chica también, me trajo mi papá. Y vos acá ves familia, la murga es familia: encontrás padres, hijos, hermanos, una madre, encontrás todo. El que no vivió la experiencia lo tiene que hacer, aunque sea una vez en su vida; una vez decir: bueno… hoy bailo, canto, grito, llevo un paraguas, no sé… Tienen que hacerlo, es tremendo.

Cuando se los ve desde afuera uno percibe como que es pura energía. Uno cuando va a ver un show generalmente ve a un artista que está en un escenario, lejos. Pero la murga no es así.

Se corta una calle: banderines, luces, música, show, canciones emotivas, críticas… criticando a los que estaban en el anterior gobierno, cosas que suceden en la actualidad; cantarle a la murga como si fuera el amor de tu vida, porque es parte de tu día a día, y eso se transmite con una sonrisa, con lo que se dice. Hay mucha interacción con el público, a veces estamos bailando y la gente se mete a bailar entre nosotros y vos decís: estamos haciendo las cosas bien. Está llegando.

¿Cómo sienten que toma el país en general, la murga afuera y la gente en las calles? ¿Los gobiernos apoyan a las murgas?

El gobierno anterior fue complicado, hubo muchas fuerzas que se dieron de baja, atacaron demasiado a la cultura popular, y bueno… el gobierno que está ahora priorizó siempre el carnaval, la fiesta popular. Tanto en las calles, las plazas, en los centros culturales también.

¿Cómo sienten ustedes luego de cuatro años del anterior gobierno salir en este carnaval?

Fueron cuatro años difíciles, muy difíciles. Hubo un carnaval con menos días y… volvimos, volvimos con todo. Se siente de otra manera, una ve a la gente con otra esperanza en la calle, yo creo que se volvió a prender la luz de los carnavales, de la política, de todo. Nosotros criticamos al gobierno anterior y ves a la gente que aplaude. Tenemos un sketch donde una compañera sube disfrazada de Bullrich, una amiga en realidad. Y ves como la gente grita: ¡Andate! Y vos decís “estábamos todos en la misma”.

¿Y hoy la salida es por acá o van a la provincia?

Hoy salimos, vamos a Lugano, después a Liniers. A provincia todavía no pudimos ir, pero vimos que en todos lados está resurgiendo el carnaval. Va más por el lado de la gente, nosotros vamos a llevar alegría. Pasaron un montón de cosas, la gente tiene problemas personales, pero nosotros salimos a alegrar. Yo le diría a todo el mundo que se tome 45 minutos y vaya a ver a una murga, vuelve renovado. Hoy es la última noche, después de ensayar todo un año… Pasó volando, así que esperamos una hermosa noche en familia, amigos. Vamos a disfrutarla, a full.

¿Y cómo arman la secuencia?

Primero salen las mascotas, que son los chicos chiquitos, después el grupo de las chicas que bailan, luego el de los chicos que bailan, los que bailan libre, las fantasías y la percusión. Ponele mi hijo tiene 11, baila conmigo a full, después tengo una beba de 8 meses que le encanta, sube conmigo al escenario a upa, lo importante es que siga, que siga, es el legado que les dejamos.

Mientras rodeo al grupo de las chicas, que ensayan la coreografía, me encuentro con el Tano, que está en la percusión. Así que decido hacerle un par de preguntas.

Bueno, soy el Tano, estoy hace 12 años en la murga. Llegué porque en su momento estaba de novio con una chica que hacía murga, que bailaba. Me dijo que estaba yendo para el ensayo del Rechifle y le dije bueno, te acompaño para ver cómo es la experiencia de la murga. Tenía contacto con murgueros, porque soy de Mataderos y vivía a la vuelta de lo de “Los Caprichosos” de Mataderos. Nunca estuve en esa murga ni en ninguna otra, y me daba curiosidad, así que la acompañé. Cuando llegué, la verdad es que fue un mundo de sensaciones, era un mundo nuevo para mí. Si bien conocía lo que era la murga, no sabía lo que era, el cara a cara, el bombo, el tocar, el bailar; ahora ya lo tengo más que incorporado. Fue una experiencia trascendente, y en ese momento me sumé directamente a la percusión. Yo empecé tocando el bombo, fueron tres años, y luego se dio que el pibe que tocaba el repique se fue y bueno me conseguí uno y desde ese momento no paré, siempre en el escenario, cantando. La verdad es que son muchos años y ojalá que sigan.

Todas las personas que entrevisto tienen esta pasión por la murga que yo no sé si la encuentro en otro género musical, creo que eso se ve un poco en la calle, porque son explosivos, la gente los ama, vuela la espuma para todos lados. Sin embargo nunca logré meterme en la piel de lo que significa ser un murguero ¿Qué sentís vos cuando salís al escenario?

Ser murguero es inexplicable, y al ser inexplicable se tiene que vivir, sentir. Tal vez en otros géneros uno está más atado a lo que es la música, a no pifiarle a una nota, a una letra. Y a que, si bien trabajamos y ensayamos todo el año para que eso no suceda, acá hay un sentimiento, acá hay otra cosa, hay familia, hay amigos, hay una mancomunión que se va haciendo día a día y te lleva a ver a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros bailando y saltando, y eso sí que no se puede explicar. Se tiene que vivir. Cada presentación para nosotros es la última, dejamos todo y es algo que realmente se va pasando de generación en generación, y tampoco hay un límite de edad, no hay un género, no hay una nacionalidad, nada. En ese sentido la murga porteña, y la murga en general, lo que es el carnaval, es inclusión, es diversidad y justamente nosotros lo que pregonamos es eso, que no haya límite, el que quiera venir que venga. Es venir a disfrutar esto, a ver cómo se siente.

¿Y cómo se siente?

Increíble. Yo cuando empecé en su momento no me daba cuenta, y ahora que lo hago, todo lo que conlleva sacar una murga. Es trabajo social sin dudas, es inclusión, tal vez sacar a los pibes de una situación de la calle. Es incluir a gente que viene a sacarse los problemas de toda la semana, que viene a relajarse. Es un lugar de contención, de disfrute y sin duda es muy importante para todos, porque por algo estamos acá.

Por lo que pude ver, vienen desde muy chiquitos y cada vez tienen roles más importantes, es como una escuela.

Es así, tal cual, puede haber gente que desde chicos vienen mamando murga, y que son sin dudas los superdotados, son los que después a los 10, 12 años los ves que bailan como unos animales. Y te puede pasar al revés, como yo que arranqué a los 20 y me fui acoplando un poco por la experiencia de música que traía. Pero me metí en la percusión y me encanta. Como te digo, es un espacio que te da la posibilidad que vos te expreses y hagas lo que a vos realmente te gusta hacer ¿Te gusta cantar? Cantás ¿Te gusta bailar? Bailás ¿Te gusta tocar un instrumento? Tocás un instrumento. Y sino alegrar, simplemente alegrar, vestirse y disfrutar. Es alegrar a la gente y alegrarse a uno mismo también. Porque si uno no está alegre no le transmite nada a la gente. Vos podés estar bailando, rompiéndola, pero si no estás alegre al público no le llega nada. El aplauso del público, para nosotros, es la paga al corazón. Escuchar el aplauso de la gente, el grito, o incluso cuando te vas caminando que te digan: che muy bueno, o ¿para dónde van ahora? Es hermoso porque para nosotros la experiencia trascendió el momento.

Terminando mi recorrida por la Darwin, viendo cómo los integrantes suben alegremente a los bondis escolares, me cruzo con el Chino que está dirigiendo a la batuta; no quieren llegar tarde, los padres vigilan que los mas chiquitos no se olviden nada en la plaza.

Último carnaval del año

Último carnaval del año, última noche del año, 11 meses esperando este momento y el mes pasa rapidísimo. Son 4 fines de semana y antes que te des cuenta ya se van.

Con gobierno nuevo aparte

Con gobierno nuevo, vamos a ver cómo se comportan con las murgas. Lo que pasa es que el gobierno de la Ciudad sigue siendo el mismo, nos están recortando corsos, presupuesto, estamos luchando contra eso.

Pero quizás el cambio de la gente en las calles ¿los ves un poco más felices?

Y eso sí, se la ve con más alegría, se la ve un poco más feliz a la gente, tienen ganas de salir a la calle, y eso es lo que nosotros en parte hacemos: ir a los barrios, llevar los corsos y brindarle un poco de alegría a la gente.

Al ser la murga una escuela de vida ustedes hacen trabajo social

La murga ES trabajo social. Sacamos a los chicos de la calle, nosotros vamos a comederos o lugares donde vive la gente de bajos recursos y los incentivamos para que vengan acá, a las plazas, que sean parte de la murga, como un lugar de contención. Esto es una familia y lo que más nos importa es que los nenes no estén solos en la calle, queremos que estén acá, alegrarlos, enseñarles. Somos artistas callejeros y lo que hacemos es eso: predicar la alegría del pueblo con nuestra voz.

En el parabrisas del bondi hay un afiche con el que reclaman justicia por la muerte de una amiga

Hace 3 meses, el 17 de noviembre, la policía pasó un semáforo en rojo a 80 kilómetros por hora y levantó la moto por los aires, dónde iban dos integrantes de la murga. El Chipi, Ariel, se salvó, pero Sandrita falleció en ese accidente. Así que hace 3 meses venimos pidiendo justicia, para que paguen realmente por lo que hicieron. Es una imprudencia de la policía que le costó la vida a una amiga. Le puede pasar a cualquiera… Este carnaval, más que nada, ha sido muy fuerte para nosotros, y tratamos de llevar a los barrios el pedido de justicia por ella y por todos los que también son víctimas de los accidentes de tránsito. Porque a ella la mataron, y tener el uniforme puesto de la policía no te da la autoridad para matar a nadie.

Por lo que pude averiguar, la persona que manejaba el patrullero estuvo presa pero luego la liberaron.

Sí, estuvo presa sí, pero le dijeron que el juicio lo puede esperar en libertad porque no corre riesgo de fuga. Sé que la separaron de su cargo, que le sacaron el registro también, pero ella está tranquila en la calle, siguiendo con su vida mientras espera el juicio, pero sabemos cómo es la justicia en este país.

¿Tenés alguna esperanza de que esto se resuelva?

Vamos a tratar de que se resuelva, las estadísticas nos indican que el 100% de los accidentes de tránsito con policías involucrados siempre quedaron libres. 100%. Incluso hubo un caso de una persona conocida, un actor, Fernando Guido. Los policías siempre salen libres de estas situaciones y nosotros estamos tratando de que sea el primer caso en el que se haga justicia. Estamos militando la causa, intentamos no callar el reclamo, todos los 17 hacemos una marcha en Scalabrini Ortiz y Corrientes, llamamos a los medios, para que llegue a la mayor cantidad posible de gente, para que el caso no se encajone. Porque sabemos que hay casos donde pasa eso, nosotros intentamos mantener la llama viva.

¿Y están pudiendo hacer que la noticia trascienda?

Es difícil porque los medios viralizan las noticias que venden en el momento. Al principio todos me contactaban, me llamaban de todos los medios, de todos los canales, de todos los programas, pero cuando pasa un poco el tiempo, ellos se olvidan. Y es cuando pasa el tiempo cuando nosotros más necesitamos de los medios, porque nosotros tenemos que seguir luchando.

Todos los 17 en Scalabrini y Corrientes a las 19 horas, siempre nos juntamos ahí para la marcha.

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