Vértices

Eugenia Pérez Tomás: “Hay algo de la escritura que recupera y reinventa las escenas vividas”

La escritora y dramaturga construye en su último libro, La canción del día, un diario en que confluyen la memoria y los sentidos corporales del embarazo y el puerperio. A partir una escritura ecléctica despojada de fronteras, la autora describe su recorrido por el mundo del teatro y la apuesta cultural del sello que dirige junto con Andrés Gallina, Bosque Energético.


Por Ayelén Rives. Fotos: Eloy Rodríguez Tale.

La canción del día (Paisanita Editora) llegó a casa una tarde sin que supiera que iba a llegar. Apenas abrí el sobre, saqué un ejemplar liviano pero firme, y supe que ese libro era para mí. A casa llegan libros muchas veces, pero la mayoría de ellas no me están destinados. Me bastó verlo para quererlo leer de inmediato.

Eugenia Pérez Tomás es dramaturga y directora teatral, autora de Los buenos deseos (poesía), la colección de piezas teatrales Hacer un fuego y Frutas tardías (novela). Es también editora en el sello Bosque Energético, que publica diarios íntimos como Diario inconsciente de Santiago Loza o Diario de una guardavidas de Natalia Figueroa. Cuando abrí el libro solo sabía esto último. Quise zambullirme en una lectura que imaginaba anfibia. Y así fue: situado en el contexto del embarazo y el puerperio, el texto entra y sale del cuerpo, de la mente, de los recuerdos. Mira la propia historia desde arriba y desde abajo, se reescribe y se reinventa en cada trazo. De esa forma, recorre las preguntas que atraviesan a ese cuerpo maternante. No solo preguntas sobre la maternidad, sino también sobre el cuerpo, sobre la escritura, sobre los propios mitos y reinvenciones, sobre los miedos y los descubrimientos.

Escribo con Erik Satie de fondo y pienso en las cosas que aparentan sencillez pero navegan aguas adentro. El piano toca teclas sueltas y construye un clima, una emoción que reverbera en el eco. La canción del día me acompañó casi de la misma manera durante poco más de una semana. Lo leía en el colectivo, en huecos de tiempos y mientras se hacía la cena. El texto es ligero y te va llevando por sus imágenes. Pero de pronto una pregunta o una imagen interpela y te invita a habitar ese clima. Tiene una voz que te habla cerca y bajito, que puede nombrar y desarmar preguntas inexploradas.

Nos encontramos con la voz de Eugenia a principios de septiembre, un día de lluvia y humedad, y conversamos sobre sus inicios como dramaturga, sobre la memoria y el cuerpo que escribe, sobre las escrituras de lo íntimo.

Revista ruda

¿Cómo fue tu formación y cómo te acercaste a la escritura, particularmente a la dramaturgia?

Siempre tuve un acercamiento a la formación en talleres y espacios no formales. La puerta a esos espacios me la dio lo teatral. Desde muy chica participo de espacios de exploración teatral, juegos teatrales. Siempre viví con la escritura de una manera mucho más íntima y desde esa pulsión de necesidad. Y por ahí el deseo empezó a desplegarse en un diálogo con eso que pasaba con la necesidad, pero más de grande. Poder recoger el guante de esa práctica y sentir ciertos bordes con respecto a la exploración de la actuación y lo teatral, porque había algo que se estaba empezando a invertir o modificar, y desde ahí llegué un poco a la dramaturgia, a conocer otros lugares de lo teatral.

Si bien obviamente has hecho otras cosas además de obras, tu identificación, al menos lo que hemos visto, es como dramaturga. ¿Qué encontraste en esa escritura del teatro que te llamó la atención para que construyeras parte de tu identidad como autora?

Me gusta pensar que hay algo de mi educación sentimental que tiene que ver con lo teatral y la dramaturgia. En el sentido de ser no un lugar que conozco porque puedo dar cuenta, o que conozco y que eso me limita, sino al contrario, un sentido de pertenencia en tanto práctica, red, amistades. Ahí generé un enlace también. Lo que encuentro ahí es como un punto de partida, desde donde puedo pensar. Y después lo que fue pasando no solo es haber transitado otros espacios de formación, sino haber explorado otras escrituras que se desentendían de la escena. Tiene que ver con sentirme cómoda como punto de partida, un lugar de reconocimiento.

Porque también me ha pasado mucho que, si bien sí puedo afirmar “soy dramaturga”, siempre mis pruebas o exploraciones en relación con la dramaturgia no son una dramaturgia “clásica”. Siempre que hacía un taller de poesía, era “no, esto es teatro”; en un taller de teatro, “no, esto es poesía”. Esa mixtura y esa forma escurridiza, que creo que igualmente ahí hay algo del ensayo de la dramaturgia. Encuentro que escribir narrativa siendo dramaturga me permite desentenderme de los resultados también.

En el juego de pasar de un género al otro, a veces como que te sacás de encima una especie de armadura que dan los géneros, y eso sentimos también en este libro. Una especie de desarmado de corazas respecto de la escritura, como escribir sin tener un corsé.

Sí, como quitarse o poder desarmar cierta expectativa de lo que es. También hay una tradición de narrativas más híbridas que me interesa, tiene que ver con eso. Por eso insisto en la dramaturgia como un punto de partida. Hay muchos recorridos y propuestas que no nombran la dramaturgia y también están probando, porque es mi punto de partida. También un lugar al que puedo recurrir con alegría.

Yendo al libro, lo primero que a mí me llamó la atención del texto más allá de la voz en sí, tiene una cuestión que me gusta mucho, que es que refleja una memoria como fragmentada. En un momento la narradora también lo dice: “escritura de interrupciones y desvíos”. Me gusta mucho porque rompe con esta lógica de los recuerdos y de la memoria muy idealizada que tiene la narrativa.

Hay algo de romper la ficción de la línea cronológica o una apuesta de lo fragmentado. Da lugar a eso: ni se recuerda linealmente ni se escribe linealmente. Hay algo de ese abordaje, de dar lugar a esos vacíos o desvíos, que tienen que ver con algo que me gusta pensar. Además, como con un registro de que así también percibo la experiencia de la escritura y así percibo la experiencia de hacer memoria, pudiendo dar espacio a estas cosas. Y no solo para lo que está separado, sino también en las pequeñas continuidades, donde también la escritura es como un vehículo para enlazar con esas experiencias. A veces me pasa que tengo algunas sensaciones contradictorias con lo de recordar, con el recuerdo. Porque me interesa pensar o dar lugar a esa mixtura del recuerdo con la creación, y con la invención de que hay algo de la escritura que va a recuperar y a reinventar las escenas vividas.

La memoria recrea muchas veces o reinventa ese recuerdo, pero también esto que decías recién, de que a veces pequeñas cosas se van enlazando. Ayer releía la parte que están caminando por la playa, y cómo una cosa lleva a otra, y pareciera que no tiene nada que ver entre sí, pero se las enlaza.

Ahí sí hay algo performativo para mí de la escritura y de la lectura también, que tiene que ver, no tanto con el recorrido de la narración, lo que pasa con la anécdota, sino con ese recorrido de enlaces más asociado a la experiencia de la navegación que tenemos hoy en día, de ir navegando por las escenas, revisitando esas escenas.

“Hay algo performativo para mí de la escritura y de la lectura también, que tiene que ver, no tanto con el recorrido de la narración, lo que pasa con la anécdota, sino con ese recorrido de enlaces más asociado a la experiencia de la navegación que tenemos hoy en día, de ir navegando por las escenas, revisitando esas escenas”.

Eso no lo había pensado, pero si me pongo a reflexionar al respecto, puede ser que hoy tengamos también una memoria muy atravesada por la dinámica de las redes sociales, por esta cosa del scrolleo, de generar una información en la cabeza que se termina dinamizando lo de la misma forma.

Quizás sí, tampoco lo tengo muy pensado y elaborado, pero la otra vez pensaba en mi hija que tiene cuatro años y me decía “ay, yo no tengo recuerdos de esa edad”. Me parece que el vínculo con lo digital, con el archivo propio, esto de que ya tenga videitos de cuando tenía uno, dos o tres años y sea todo el tiempo verse, creo que deja otra huella en el registro personal.

Y la relación que vos establecés, de hecho. Lo decís en una nota previa, esto de la relación entre la escritura del cuerpo. A mí me interesa saber qué entra en juego en esa relación, en el sentido de tono, de aristas, de sentidos que implican el hecho de plasmar algo en la escritura que está atravesando el cuerpo.

Sí, se relaciona un poco con lo primero que estábamos hablando y —para también ir como dejándolo atrás— con algo que tiene que ver con lo teatral y la dramaturgia. Me da pie a pensar que esas obsesiones recurrentes no tienen que ver tanto con la dramaturgia y lo teatral, sino que en realidad en la dramaturgia y lo teatral tuve como un primer lugar donde encontré como protagonista al cuerpo.

Y hay algo de poder transitar otras zonas y despejar qué hay. Sí hay algo que para mí es recurrente como obsesión o curiosidad extrema que tiene que ver con la experiencia de los cuerpos, de mi cuerpo. Lo que percibo y la observación de los comportamientos sensibles, como que hay algo de eso.

Yo doy taller de escritura y de dramaturgia y siempre pienso que esos espacios de taller —lo hablo ahí con quienes participan— me gusta pensarlos como lo piensan los artistas plásticos, en términos de observar qué está pasando en el cuerpo. Igual yo me imagino, porque no soy artista plástica, lo que supongo es la composición de qué está pasando en el cuerpo mientras se está haciendo la práctica y compartiendo con otros ese espacio.

Yendo como más al vínculo con la escritura, me parece inseparable. Por un lado, como tema, como algo que le pasa al cuerpo: lo que se observa de otros cuerpos; y también me parece inseparable en el sentido de que se involucra el cuerpo a la hora de pensar que es una actividad intelectual sensible.

En La canción del día el cuerpo está muy presente en la parte del tejido y la escritura. Es un cuerpo que está escribiendo. Cuando uno lee es difícil pensar “esta persona está sentada escribiendo, no está contándomelo ni lo estoy viendo”. Eso está plasmado muy honestamente, los dolores del cuerpo, la forma en que uno escribe.

Justamente en este proyecto lo que se narra es un embarazo, y lo que sucede en el cuerpo es protagonista, en un sentido transformador y vital. Es la excusa perfecta también para poder ver qué está sucediendo ahí, hay algo del cuerpo como protagonista. Y de ese vínculo con el nacimiento también de otro cuerpo.

Hay cierta distancia a veces de cómo fui narrando y tomando esa distancia, que a veces genera un extrañamiento. Pero también hay en ese extrañamiento mucha fascinación, porque hay algo de lo festivo de los cuerpos que me parece que también está en juego.

Encastrando un poco con esto que hablás, algo que decías en un reportaje, es que el libro te había apuntado como el sentido de la escucha. Y yo me puse a pensar que también estamos muy atravesados por una literatura que está queriendo opinar constantemente. Y que el elemento de la escucha o de hacer decir a los demás está bastante obturada.

Sí, me interesa y me gusta porque hay algo que estoy pensando (no solo en el tiempo de la creación del libro, sino también después, y ahora) relacionado con un recorte en el libro, que es el tiempo del puerperio. Ubicarse en ese lugar, desde los ojos del puerperio y del cuerpo, permite ver y percibir distinto. En un momento donde todo está muy a flor de piel, poder dar lugar a ese contraste de decir “nada está preparado para vivir a flor de piel”. Estamos en un contexto donde no podríamos vivir así, porque la verdad que es todo muy hostil. Y estar a flor de piel también significa estar con muchas cosas irresueltas, con muchos momentos de no saber. Y esta demanda del afuera de tener algo para decir, una opinión elaborada y formada con una inmediatez total, trae entonces una defensa del puerperio. Que si bien nombra las dificultades y lo que implica ese momento, habla de la necesidad de estar mucho más a flor de piel. Tener esa posibilidad y poder convivir con los demás.

“Estar a flor de piel también significa estar con muchas cosas irresueltas, con muchos momentos de no saber. Y esta demanda del afuera de tener algo para decir, una opinión elaborada y formada con una inmediatez total, trae entonces una defensa del puerperio. Que si bien nombra las dificultades y lo que implica ese momento, habla de la necesidad de estar mucho más a flor de piel. Tener esa posibilidad y poder convivir con los demás”.

¿Vos pensaste previamente que querías escribir de todo eso que estabas viviendo o escribiste y después dijiste “con esto puedo hacer algo”? Lo pienso también porque recién ahora empiezan a haber muchas escrituras respecto de esa etapa del puerperio, de la maternidad sin un ojo romántico, de algo más cercano a lo real.

Hay algo de la práctica cotidiana. No lo pensaba como un proyecto. Para mí la escritura es el soporte del día a día: en los cuadernos, en los diarios, en las notas de celular. En todo lo que va apareciendo y adquiriendo esas prácticas, para después pensar si con ese material me dan ganas de pensarlo y darle otra mirada. Y no es menor que -con el texto- hiciera la Maestría en Escritura Creativa y lo trabajara como el proyecto de tesis, en ese marco. Podría haber ido por otro lado, pero tuve la apuesta de decir “con este material quiero trabajar”. Además, con Andrés Gallina, que es mi pareja, tenemos un proyecto editorial dedicado a diarios íntimos. Y hay en el proyecto editorial un interés de ir a trabajar con archivos íntimos y armar un catálogo de otros, pero también fue un momento de recoger el guante sobre un interés mío y decir “me interesa trabajar con estas materialidades”, que tienen que ver con los archivos personales.

Y con rescatar a un género que por ahí muchas veces, no fue denostado (porque si uno lo piensa se publican diarios y cartas de autores reconocidos), pero sí siempre fue poco considerado.

Con la dramaturgia y con la poesía -de la misma forma que el diario- pasa eso de no ser la escritura central, como lo puede ser hoy una novela. Eso lo pensamos mucho con Andrés, y esto que decís de los diarios como esa escritura que pareciera ser la compañía de otra cosa, que no tiene un lugar central en los proyectos propios también. Está el diario de la novela o el diario de la película, como que siempre está algo de la colaboración. Es como una escritura al margen que desde la editorial nos gusta rescatar. Nos concentramos mucho en ese sentido para expandirnos a un territorio mucho mayor.

Hoy hay mucha literatura relacionada con la subjetividad, personas que escriben en primera persona. En la nota con Andrés, él decía algo de la importancia de la cuestión confesional. Y eso me lleva a pensar la diferencia entre ese yo que uno quiere mostrar en lo autobiográfico y esa cuestión más intimista de la confesión, despojada de tantos pareceres.

Es un terreno complicado, es el filtro de la ficción o el amparo del artificio. Y hay algo de eso que me parece que es vital y que se relaciona también con las cosas que veníamos hablando de los recuerdos, la memoria y lo teatral, que tiene que ver con la escritura como una creación. Y en ese sentido, me parece interesante algo de esto que hablábamos de los diarios y de los archivos personales, porque pensándolo hoy en día, desde la disposición de la edición, pero no solo desde la editorial, sino como autora que edita sus propios textos, la idea de poder abrir un espacio de libertad en el sentido del pensamiento y de no clausurar los sentidos o cerrarse a ellos. Es otro pacto de lectura.

Yendo un poco en esta misma línea, ¿cuáles crees que son los interrogantes que trae al ruedo el proyecto de Bosque Energético?

Tiene que ver con esto del diario como un soporte, un espacio, un territorio para explorar con la palabra. Y con una palabra con articulaciones, asociaciones e improntas singulares que están en amalgama con el contexto o en oposición a él. Hay algo de la intimidad de la palabra que nace de la intimidad y que construye esa espacialidad. Para mí, en ese sentido, hay algo de las líneas editoriales que pueden pensar que es el diario hoy. Poner a desplegar una serie de diarios que vayan componiendo el retrato de qué se está pensando alrededor del hoy en términos de un soporte personal. Como un territorio donde explorar experiencias, testimonios; esta idea de un Diario de una guardavidas, un Diario de limpieza; como si fuese un marco desde donde ponerse a pensar y ensayar. Pudiendo trascender también algo de lo cronológico. Y que de alguna manera tiene que ver con buscar la forma de vincularse con el hoy. Tiene que ver también con lo que hablábamos antes del puerperio y de cómo decir espacios personales para enlazar con el hoy y con lo común.

¿Crees que todavía la literatura tiene algún atisbo de construir un horizonte transformador en un tiempo en donde la cultura parece que no forma parte del debate público? Porque parece que está todo centrado en lo económico y nadie habla de la cultura o de cuál es el rol de la literatura en todo esto.

Creo que son conversaciones que está bueno plantear, porque claramente hay algo de la emergencia coyuntural, que como bien decís pareciera que lo único central o lo vital es lo económico. Y claramente, desde nuestro hacer, consideramos otra cosa; pero pareciera que nos quedamos como muy entre nosotros compartiéndolo, y el desafío es abrir e interpelarnos con los otros de otra manera. Voy a citar a María Onetto, que es una actriz que es muy hermosa y querida, que ya no está, pero que siempre traía esta idea de la transformación concreta que genera el contacto con nosotros hablando de la literatura, el contacto con quien va a haber una obra de teatro, o quien te escucha en una canción. La transformación concreta en el cuerpo y en la emoción. ¿Qué pasa que eso no está en boca de todos? La respuesta está bastante a la mano, todo nos lleva a desconectarnos del bienestar y de los estados de curiosidad, de alegría y de expansión. Me pasa a mí también, y me pregunto cómo se hace para no quedar en esa angustia individual, cómo se debería desarmar o como se entra con otra ternura y otra alegría.



Eugenia Pérez Tomas
La canción del día
Paisanita Editora
2023

Related posts
Vértices

Hernán Brienza: “Sería interesante la convocatoria a una autocrítica de la clase dominante en la Argentina”

Visuales

Ese Bow-Window no es americano | Cómo llenamos nuestros vacíos

El Pregonero

Sin paz, pan y trabajo, no hay patria

Visuales

Escarabajos | Las cajas chinas de nuestras violencias

Seguinos en las redes @rudalarevista Revista ruda