Música

Mailén Pankonin: “Hacer hincapié en las pequeñas cosas, los pequeños relatos, construye un cantar muy tierno y honesto”

Nació en 1996 en la Ciudad de Buenos Aires, es música, poeta y fotógrafa. Durante el 2020 publicó un total de 9 canciones repartidas en dos singles y dos EPs. Fue la presentación oficial en las grandes plataformas de una propuesta que evolucionó entrega a entrega y que merece la atención. Humor, sentido del ridículo, lenguaje coloquial, lunfardo y una mirada crítica sobre el mundo.


Por Fede Llera.

Torpe y 4 AM (Singles)

4 AM es el primer single del 2020 y está disponible en Spotify desde junio. Arranca con el verso: “el tole tole que se armó por suspender del modo romance”, y ahí nomás intuimos que estamos frente a un hallazgo interesante. Porque ese primer verso condensa de manera equilibrada las claves del universo poético por el que vamos a transitar. Humor, sentido del ridículo, lenguaje coloquial, lunfardo y una mirada que – sin ser recalcitrante – es crítica sobre el mundo, nuestra manera de habitarlo y cómo nos relacionamos.

Lejos de encandilarse por la novedad del siglo, Mailén espía por detrás del cortinaje por donde se entrevé un reino solitario de nostalgias y melancolía (“un Panteón para performear papelones sola”). En este contexto pareciera no quedar otra que atesorar con pasión fotográfica las fugaces escenas de sensualidad y vitalidad sobre las que se posa nuestra mirada y que atraviesan nuestro cuerpo. De esto, quizás, se trate Torpe, hit instantáneo y segundo single.

Torpe empieza con una acertada referencia a Imágenes Paganas que se desdibujada para darle paso al sinte y el beat de Peta Berardi (Diosque, Los Besos). Desde la poesía, el paisaje urbano se mezcla en un remolino de imágenes – paganas, obvio-. La atmósfera es bonaerense, tanguera, nostálgica a la vez que moderna, actual y vital. Como si Mailén lograra captar la atemporalidad que se esconde detrás de las apariencias en una suerte de Avellaneda Blues remasterizado y actualizado al SXXI.

Té con masitas y Plan de Salud (EPs)

Anterior a Torpe y autoproducido como 4am, Té con Masitas (junio 2020) es el primer EP. En él se evidencia el vínculo de la autora con la música popular. La presencia del bolero, el tango y el folklore en su acervo musical llega a hacerse explícita en el feliz hallazgo de La Sufrir. Ahí, no solo se vuelca a la tradición para dialogar con ella, sino que la ofrece una vez más: confrontada, revisitada y actualizada. Transformada a través del tamiz del siglo XXI.

Plan de Salud, lanzado en noviembre, es el segundo y último EP. La última palabra de Mailén – por ahora – redobla la apuesta de Torpe en términos armónicos y de arreglos. Con Peta Berardi una vez más acompañando en producción, entramos, de una vez y para siempre, en una serie de calles, avenidas, autopistas y rutas de ensueño pavimentadas mayormente por sintetizadores y beats urbanos.

Como cuando tu equipo gana, gusta y golea: da para ilusionarse. Plan de Salud abre la puerta de un prometedor 2021. Representa el clímax y la síntesis del recorrido hasta ahora entrevisto. Toda esta curiosa y ecléctica mezcla pareciera haber dejado a Mailén a orillas de un tesoro personal. Sumergida, a la vez que crítica de la época, nos comparte un oportuno plan de salud. Un refugio donde bailar en medio de la tormenta y, en este contexto, ¡mirá si no vamos a bailar!

Hay un diálogo en tu obra con la tradición de la música popular -desde el tango, el folklore, el bolero hasta el rock – que se evidencia en el disco de covers de tu bandcamp, Canciones que me hacen bien, pero que atraviesa todos los temas. ¿Cómo llegan estos géneros a tu vida? ¿Qué lugar ocupan?

¡Guau! Siempre me olvido que andan circulando esas canciones. Qué bueno que de a momentos reaparezcan. Es como si necesitara que estuvieran ahí a modo de fantasmitas bailarines recordando siempre los motores de búsqueda de mis composiciones. Desde muy chiquita en mi casa se escucha mucha música. Por un lado gracias al interés que tuvieron y tienen mi mamá, mi papá y mis hermanxs en hacerla parte de su vida hasta en los momentos más pequeños: viajes en auto, salida de la ducha, cenas cotidianas, etc. Pero, por otro lado, también gracias al fenómeno espectacular de que mi papá tuviera una librería de usados cuyos vinilos, CDs y cassettes más llamativos venían a caer a casa. Entonces, a modo de fogón, en el living, funcionó siempre el equipo de música como un lugar de encuentro y diálogo entre nosotrxs. Hablábamos de los géneros, de las letras, de las historias de sus compositores… Ahora que lo pienso, justamente no se trataba o trata de acompañar los momentos sino que fueran en sí mismos los momentos vividos. Algo de escuchar con el volumen alto genera una paridad muy indiscutida con las canciones, como si estuviéramos conversando con ellas.

Con respecto a esto de qué lugar ocupa la música popular en mi vida supongo que tiene que ver con que protagonizó mis paisajes y mis fantasías. Esto de entender espacialmente de lo que alguien está hablando, me convoca y conmueve por completo. Será por eso que también me cuesta la música en otro idioma, porque si no puedo verlo o sentirlo (aunque se trate de algo no del todo cercanísimo) no me pasa nada. Por ejemplo, no sé, estar arriba de un colectivo y leer una calle que justo alguien cantó. Es maravilloso. Y también porque creo que unx aprende mucho de lo más próximo, de lo de más de acá. No porque lo de más allá no me interese, al contrario, pero es otro menjunje. Primero me gusta reconocerme en quienes tengo cerquita, y después salir a buscar afuera. Como cocinar, ¿quizás?

Foto: Martina Perosa

Retomando eso de “primero me gusta reconocerme en quienes tengo cerquita, y después salir a buscar afuera”, ¿te servís de aquellas cosas cercanas, más a la mano, y las usas de trampolín para acercarte a lo lejano, lo profundo? ¿Hay una decisión consciente en poner el foco y llamar la atención sobre lo cercano?

Sí, claro. No sé si es algo premeditado, simplemente sucede. Desde muy chica fui bastante observadora de los detalles, de los gestos chiquitos, las palabras que se dicen bajito. Creo que es como mirar un edificio. Podés hacerlo por arriba o detenerte en cada balconcito y la decisión singular de cada habitante… desde sus plantas, cortinas, rejas, sillitas. Intuyo que tiene que ver con combatir el miedo a la enajenación, como cuando pensás demasiado a futuro y te agobia. Entonces tenés que venir más para acá y ver lo inmediato, para no caer en falsas promesas o peligrosos deseos. Aunque siempre existan porque la fantasía y la tentación, así, enormes, son inevitables. Pero hacer hincapié en las pequeñas cosas, los pequeños relatos, construye un cantar muy tierno y honesto, poco pretencioso.

El humor y el ánimo lúdico asoman mucho en tus canciones ¿qué lugar ocupa el humor en tu vida? ¿Cuál crees que es la función que cumple como recurso en una obra?

Bueno, es curioso que toquemos este tema porque siempre suele ser bastante difícil aplicarlo a la música. Suele ser un terreno algo prohibido o polémico el del humor en las canciones. Pero en mi caso, al estar tan vinculado a mi forma de ser… – absolutamente ligada a la traducción de las experiencias a través del humor, de lo gracioso, incluso a veces algo cínico- resulta imposible que no aparezca en las composiciones. Quizás es un desafío, sí, hacer que haga sentido dentro de un código distinto al de un diálogo o un poema, pero inevitablemente aparece. Creo que la cuota de humor en nuestra manera de vivir la vida hace que todo tenga un clima más liviano y lúdico. Lo necesito como motor de búsqueda y hallazgo. Y así entiendo que es la manera más noble y sincera de sobrevivir ante todas las adversidades, o no, de la vida

“Creo que unx aprende mucho de lo más próximo, de lo de más de acá. No porque lo de más allá no me interese, al contrario, pero es otro menjunje.”.


Trabajás con muchos lenguajes – fotografía, música y poesía. ¿Qué te convoca y te conmueve de cada lenguaje?

Iba a contestarte que creía que cada lenguaje pertenece a una etapa distinta de mi vida, pero creo que no hace falta ser tan fatal. Hace poco hice hincapié en la idea de “haberme divorciado de la fotografía”, pero intuyo que nada de eso tiene sentido. De la misma forma que construimos vínculos distintos a lo largo del tiempo y a lo ancho del espacio donde funcionamos y aprendemos, reflexionamos y construimos de diferentes maneras, pienso que saltar de una disciplina a otra se trata fundamentalmente de cumplir el capricho de cambiar de energía. Qué se yo, medio jipi quizás, pero es como cuando tenés ganas de ver a una persona porque te inspira tal cosa o a otra por cualquier otra razón. Sí es verdad que cada vez vuelvo menos a la fotografía y supongo que tiene que ver con haberla habitado tanto desde tan chica y ahora necesitar una distancia, un airecito de ese universo. La poesía aparece siempre, aunque no sea en forma de poema o aunque no sea en forma de escritura mía. Está la sensación que me queda por un cartel lindo de la calle -como el de un supermercado de la calle Donado que dice AMOR con corazones y flechas- o por escuchar el recorte mágico de una conversación ajena.

¿Cuáles son tus proyectos para este 2021?

Este año estoy experimentando trabajar con la música en espacios de clínica de obra. Quedé seleccionada en el programa ArtistasxArtistas de Fundación El Mirador y considero una gran posibilidad de hacer viajar las canciones en un contexto mayormente habitado por artistas visuales. Por otro lado, tenemos previsto sacar mi primer disco junto a Pablo Berardi, con quien ya toco y produzco. Va a ser un disco con estadíos bastante distintos, que suben y bajan, abrazan y alejan. Me gusta la idea de representar un poco de todo el menjunje que me conforma y transformarlo en un banquete de canciones que se quieren mucho entre sí

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