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Igor Galuk: “De algún modo, Haroldo Conti escribió el guion que nosotros filmamos 40 años después”

Silencio en la ribera, que puede verse en el marco del BAFICI, retoma un texto del escritor desaparecido y recupera materiales de alto valor histórico en una obra concebida como un encuentro entre géneros. Lo literario, lo cinematográfico y el registro documental conviven y potencian una propuesta que es, en muchos sentidos, un verdadero hallazgo.


Por Marina Cavalletti.

“Y aunque todavía me pregunto si verdaderamente estuve allí, pues todo lo que me queda es un montón de papeles, unos diarios viejos y una cinta magnética y cierto regusto metálico a vino de uva americana, yo sé que consiste perenne allá frente a Berisso y que el que me desaparecí soy yo, pero para el caso es lo mismo”. Una voz en off lee a Haroldo Conti. El texto, hilo conductor de Silencio en la ribera, ópera prima de Igor Galuk, es el último publicado por el hacedor de Mascaró el cazador americano, antes de su secuestro a manos de la dictadura genocida.

La pieza de Galuk forma parte del 23° BAFICI, en la sección Lugares, y tendrá tres funciones en salas y la proyección gratuita para todo el país en la plataforma Vivamos cultura. Allí, el realizador rescata, con la síntesis como recurso, algunas de las palabras con las que el escritor argentino describió la fantasmosa isla Paulino de Berisso, publicadas en abril de 1976, un mes antes de su desaparición. La trama reconstruye los días en que Conti habitó el lugar, recupera materiales fílmicos de la región y traza un vínculo con el presente de la ribera.

Así, el documental dice con precisión, con una fotografía justa que –valga la redundancia- hace justicia y muestra a los habitantes del agua, a su entorno y sus anhelos, como si cantaran el clásico de Ramón Ayala: “Río, río, mío, mío/Dame sueños y dame/ que quiero vivir”


Revista ruda

En tu ópera prima recuperás la figura de Haroldo Conti, su crónica “Tristezas del vino de la costa (o la parva muerte de la isla Paulino)”, su última publicación antes de su secuestro y desaparición. ¿En qué momento decidiste tomar ese “final”, como un punto de partida o el inicio de esta obra?

Creo que son causalidades. Haroldo Conti es un autor que admiro profundamente y gran parte de sus novelas y cuentos fueron grandes motivaciones en el inicio de nuestro trabajo audiovisual regional con Riocine, allá por el año 2009, pero su trabajo en la Revista Crisis lo conocí recién en el 2015, que es cuando surgió la idea de hacer esta película. Yo nací y me crie (o malcrié) en Berisso, y descubrir que un autor de la talla de Conti se haya fijado en este pequeño rincón del mundo para mí fue revelador. El material de la película ya estaba rodando antes de que conociera la crónica. Entre los años 2011 y 2015 fuimos realizando varias series documentales y cortometrajes, abordando el estado de la ribera y las distintas realidades de los pobladores ribereños, y la crónica de Haroldo aparece en un momento justo para poner palabras a aquello que habíamos sentido y percibido sobre el estado de las costas del Río de La Plata, en especial sobre la Isla Paulino. Nosotros habíamos filmado aquello que cuarenta años atrás el autor describió tan bellamente. Luego nos enteramos de que había sido su última crónica, publicada un mes antes de su secuestro y desaparición.

La película tiene otras películas dentro. En primer término, un documental inconcluso “Retrato humano a Haroldo Conti”, realizado por Roberto Cuervo, que nunca pudo finalizar por la desaparición física del escritor en manos de la dictadura militar. ¿Cómo diste con este material y cómo trabajaste con él en el proceso del film?

En el año 2016 comenzamos con un grupo de docentes y realizadores regionales, vinculados a la carrera de Artes Audiovisuales de la Facultad de Artes (UNLP) y nucleados en el Movimiento Audiovisual Platense (MAP), a recuperar y digitalizar diferentes materiales fílmicos que pertenecieron al archivo fílmico de la legendaria Escuela de Cinematografía de La Plata. Escuela que cerró la dictadura en 1978 y que recién pudo reabrirse en 1993. Los materiales estaban dispersos y guardados (u olvidados) en distintos lugares, así que fuimos recuperándolos de a poco y generando una gran filmoteca en la facultad. En ese marco es donde aparece Retrato Humano a Haroldo Conti (1975) de Roberto Cuervo. La cinta inconclusa fue donada por su hijo, Andrés Cuervo, al archivo, y me encargué personalmente de limpiarla y acondicionarla para su digitalización. Ese mediometraje era una tesis de grado y registra durante el año 1974 y 1975 la vida del escritor. La época del rodaje de la cinta coincide con el momento en que el escritor visitó la Isla Paulino, diciembre de 1975, por lo tanto coincide con el universo al cual hace referencia la película. Además de la desaparición física de Haroldo en 1976, el cineasta y fotógrafo Roberto Cuervo falleció en 1979 en un accidente automovilístico.

Igor Galuk, director de Silencio en la ribera

También incorporaste fragmentos de Hombres del río, de Diego Eijo Alfredo Oroz, Ricardo Moretti y José Gramático. ¿Qué le aportaron a tu narrativa esas escenas que, a pesar del paso del tiempo, tienen vigencia?

El cortometraje Hombres del río (1965) es otro de los materiales fílmicos que aparecieron y que la película recupera y homenajea. Lo increíble de esta pieza, por lo menos para mí, es que el corto contiene imágenes muy similares a las que nosotros filmamos 50 años más tarde. No solo por el emplazamiento de la cámara y el punto de vista, sino por la temática regional abordada. El corto narra la vida de los pescadores en la costa del río y su pesca tradicional “a caballo”. Cinco décadas después, y sin todavía conocer la cinta, estábamos filmando las mismas escenas. El encuentro con este legado fílmico fue muy importante en el proceso del film, se convirtió en una referencia estética. Descubrir que varios realizadores se habían ocupado cinematográficamente de la región fue de gran motivación.

Ese silencio que emerge en el título es intervenido por palabras de Haroldo, donde se habla de navegar por la memoria, o del despojo de la isla que desaparece. ¿Desde el guion se traza una metáfora de la última dictadura y de las banderas de memoria, verdad y justicia, o cómo fue pensado?

En el film solo se narran algunos fragmentos de la crónica de Conti. Asumí esa voz narradora en el documental. La palabra escrita y narrada en la película pertenecen exclusivamente al autor, no hay un solo párrafo agregado que no haya sido escrito por Conti. Se percibe entrelíneas el estado de las cosas para abril de 1976, y anticipadamente el autor habla sobre memoria y desaparición. Recordemos que los asesinatos, secuestros y desapariciones habían comenzado a fines de 1974, por lo tanto, el estado de situación en nuestro país, luego del golpe en marzo de 1976, no auguraba nada bueno. Como militante político, Haroldo sabía perfectamente el riesgo que corría. Lo habían invitado a irse del país, pero el autor decidió quedarse. Lo importante para mí, fue encontrar en las distintas relecturas de lo que sería su última crónica, las entrelíneas y capas subterráneas que el autor detalló. El texto no sólo habla de una isla fantasmal y olvidada en el tiempo de una Argentina que había sido pujante, y el desamparo y resistencia de un puñado de isleños, narra también un clima desolador, extraño, de la decadencia gobernante y de la posibilidad de que el propio autor pudiera desaparecer. Sin dudas, el texto es una despedida.

La síntesis de palabras, de gran hondura poética, potencia la fuerza narrativa, que se refuerza además en apartados, con las estaciones y un epílogo. En este sentido, ¿proponés un juego cercano a la literatura, con capítulos y personajes o el cine por sí solo se imbrica en la literatura y viceversa?

Concebí esta película como un encuentro entre géneros: literario, cinematográfico y documental. Traté de fusionarme con Conti y asumir su punto de vista, y atemporalmente, continuar su crónica de una manera audiovisual en el presente. Por decirlo de algún modo, Haroldo Conti escribió el guion que nosotros filmamos 40 años después. Pero sabemos perfectamente que no es un guion. Decidimos que esa pieza literaria permanezca y conviva en el film. Las palabras de Haroldo fueron insustituibles, cualquier otra frase o relato que intentamos agregar se diluían ante la pluma de Haroldo. Así fue que cobró entidad la idea y el texto convivió finalmente con las imágenes y sonidos. La película es una experiencia audiovisual y literaria. La crónica de Conti es también cinematográfica y documental.

Insistiendo con el vínculo: los fantasmas, la isla, tal vez podrían conectar a esta película con La invención de Morel, de Bioy Casares o Pedro Páramo de Juan Rulfo, entonces ¿hubo lecturas previas más allá de las páginas de Haroldo?

No hubo lecturas previas antes de comenzar con la película, el texto de Conti fue la pieza única que se la fue desglosando y releyendo con detalle, exprimiéndola, pero un universo de autores literarios nacionales fueron apareciendo en el camino de la realización del film. También compartían una apropiación del territorio y una sensibilidad bañada de costas y ríos. Me refiero, por ejemplo, a las obras de Enrique Wernicke, Juan José Saer y Selva Almada. Estos autores fueron confirmando la importancia entre la literatura y el cine, y su convivencia. La vida de los pobladores arraigada a las orillas de los ríos, su cultura singular y sus modos propios.

El film está marcado por varios oficios, un productor del vino de la costa, los pescadores con sus redes, un fabricante de cortinas de esterillas artesanales, la escritura en la máquina de escribir, incluso ciertos guiños al propio arte del cine. Esa insistencia en los quehaceres, y en la economía de diálogos, también se ve en tu cortometraje La vendedora de lirios. ¿Considerás que esa focalización marca tu cine o es, en el buen sentido, una obsesión creativa?

Creo que una imagen en movimiento junto al sonido narran por sí solos, siempre y cuando exista una mirada cinematográfica y una intención para que ello ocurra. Me gusta observar y hacerme invisible cuando trabajo. Ser un observador privilegiado de los acontecimientos y los hechos, y en ese sentido, me gusta capturar los pequeños detalles que aparecen en las cosas y en las personas que filmo. Detenerme temporalmente y encuadrar un espacio, darle tiempo a la imagen. Si uno entra en ese juego audiovisual y en las relaciones que uno establece con los universos creados y con los personajes-protagonistas reales que filma (por lo menos esa es mi intención y mirada cinematográfica) aparece siempre esa cuota de autenticidad y realismo mágico en el mundo de lo real. Se amplía la percepción de las cosas, la imaginación y la sensibilidad de las y los espectadores sumergidos en el film. En general filmo personajes silentes. De pocas palabras, que hablan lo justo y necesario. Personajes solitarios, ásperos, como detenidos en el tiempo. Tal vez porque tampoco soy muy expresivo con las palabras, me sumerjo también en esos silencios. Prefiero los gestos y las acciones antes que las palabras. Será por eso que prefiero las imágenes y los sonidos.

El río, los caballos, los peces son -al igual que en Sudeste y gran parte de la producción de Haroldo- casi un leitmotiv en la película. ¿Cuál es tu relación con esos seres o elementos de la naturaleza?

Cuando uno entra en el universo ribereño, todos los elementos de la madre naturaleza tienen la misma importancia, sean personas, animales o plantas: habitan de igual forma esos espacios. Hasta los objetos inanimados tienen vida propia. Los lugareños le dan esa importancia y entidad. Conviven diariamente en ese universo cargado de significados y sentidos. El río es el elemento principal alrededor del cual se organiza la vida. El árbol que da sombra es tan importante como el perro compañero, el pájaro o el caballo que colabora en la jornada de pesca. Se establece un diálogo, una relación que es la manera de habitar el mundo.

Funciones

Función 1:
Martes 26 de abril 20.00 h | Cine Multiplex Monumental Lavalle – Sala 4: Lavalle 780 | Comprá tu entrada
Función 2:
Jueves 28 de abril 20.55 h | Cine Lorca – Sala 2: Av. Corrientes 1428 | Comprá tu entrada
GRATUITA con reserva 
Función 3:
Viernes 29 de abril 16.00 h | Museo del Cine: Agustín R. Caffarena 51 | Reservá tu entrada
Función online:
A partir del estreno en salas | Disponible por 72 h | Link



Silencio en la ribera
Igor Galuk
2022

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